
La tensión en La Promesa es máxima. Lo sucedido con Jana sobrepasa todos los límites y Manuel se niega a separarse del lado de la mujer a la que más ama en el mundo. Un amor como el suyo permanecerá por siempre, más allá de la muerte.
Quien también está destrozado es Curro, que clama venganza y jura que no parará hasta encontrar al responsable de haber disparado a Jana.
Lo cierto es que Curro tiene sus motivos para sospechar de unas cuantas personas, pues posee información que nadie más tiene tras los descubrimientos que su hermana y él hicieron a través de los pasadizos y en la habitación secreta.
Ya se lo avisó Ramona, consciente de que los hijos de Dolores estaban jugando con fuego y se enfrentarían a la muerte si seguían por ese camino. ¡Debían haberse alejado de los Luján! Sin duda, tenía razón, los secretos del pasado le han costado caro a Mariana.
La única certeza que parece haber en todo esto es que Cruz se enfrenta a sus últimas horas en libertad, pues todas y cada una de las pruebas que el sargento Burdina ha ido recabando señalan únicamente a ella.
A pesar de todo, la Marquesa se defiende con uñas y dientes y clama por su inocencia ante todos y cada uno de los que se acercan a ella.
Sin embargo, ya pocos la creen. Ni su hijo ni su marido. Para Manuel todo está siendo una pesadilla difícil de digerir, pero, como le dijo al sargento, solo quiere que se haga justicia, aunque eso suponga ver cómo su propia familia se destruye ante sus ojos.
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