
En la casa grande, Julia sigue devastada por la pérdida de su padre y su dolor la ha dejado sin apetito. Al menos, tiene a Digna a su lado, quien intenta consolarla y darle algo de aliento. Lo único que realmente la tranquiliza en este difícil momento es la posibilidad de conocer más sobre cómo era Jesús.
Mientras tanto, en la empresa, Pelayo se encuentra con Joaquín para comunicarle que no está dispuesto a invertir en el proyecto del balneario. Esta negativa deja a Joaquín desanimado, que no esperaba tal respuesta. En paralelo, Carmen también enfrenta un revés, ya que tenía una propuesta para expandir la marca de Perfumerías De la Reina a nivel nacional. Sin embargo, Marta le deja claro que las circunstancias actuales de la fábrica no permiten arriesgarse con un proyecto de esa magnitud.
En otro contexto, María, buscando una nueva motivación, decide ofrecerse como voluntaria en la casa cuna para cuidar a los niños. Rodearse de bebés parece ser lo único que la hace sonreír en estos momentos. Sin embargo, su impulso por encontrar consuelo la lleva a cometer un acto inesperado: secuestrar al bebé que tenía a su cargo.
En el dispensario, Luz consulta con el doctor Herrera sobre la anosmia que sufre Luis. El diagnóstico del médico sugiere que el problema podría ser más grave de lo que parecía, por lo que le recomienda que se someta a un reconocimiento más exhaustivo. Sin embargo, Luis se muestra reacio a pasar por este trance, temeroso de que se descubra su secreto.
Por otro lado, Joaquín siente que no está a la altura de su rol como director de la compañía de perfumes y se ve cada vez más abrumado por las responsabilidades. Después de una profunda reflexión, decide que lo mejor es dimitir y dejar su puesto para evitar seguir perjudicando a la empresa.
Como solución, propone que sea don Pedro el que ocupe su puesto. Su experiencia, contactos e instinto para los negocios lo convierten en el candidato ideal. De este modo, el astuto plan del empresario se cumple conforme a sus expectativas. Por fin tiene lo que tanto quería, aunque no acepta la nueva responsabilidad hasta hablar con Digna.
Finalmente, Joaquín, emocionalmente agotado, se desahoga con Gema, revelándole que se siente un fracasado. Desde que asumió el puesto de director, ha experimentado una lucha constante que le ha demostrado que, quizá, todo esto le venía demasiado grande. Aunque Gema intenta animarlo, Joaquín no puede ver la luz al final del túnel y sigue atrapado en su sensación de fracaso.
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