
Las escenas íntimas en películas y series ya no se improvisan: ahora se ensayan, se coreografían y se supervisan. Te contamos cómo ha cambiado todo con los coordinadores de intimidad.
Desde series cuyo mismo nombre ya avisa de su contenido como “Sex education” o “Dying for Sex” hasta películas nominadas a los Oscar como “Pobres criaturas” o “Anora”, son incontables las ficciones recientes que incluyen algún grado de desnudez o alguna escena íntima, lo que, aunque pueda parecer una tendencia actual, no es nada nuevo.
Y es que, desde sus inicios, el audiovisual ha buscado explorar todas las facetas del ser humano y la sexualidad no ha sido una excepción. No obstante, la manera de abordar el tema, tanto a la hora de trabajarlo en el set hasta la de mostrarlo en la pantalla ha evolucionado con el tiempo.
Entre los cambios producidos, quizá el más notable sea el de la inclusión del coordinador de intimidad, figura surgida hace apenas unos años y a raíz del movimiento "Me Too" que se ha ido popularizando y cuya labor cada vez se reivindica más, de forma que ahora es casi impensable hablar de escenas íntimas sin referirse a ella.
“Nuestro trabajo consiste, en resumidas cuentas, en mantener la seguridad de los actores durante todo el proceso de producción y rodaje de las escenas que implican desnudos, sexo simulado, violencia sexual simulada u otro contenido íntimo. Mientras ayudamos al director a llevar a cabo su visión creativa”, explicó Rebeca Medina, coordinadora de intimidad y coach actoral en una entrevista reciente.
Idealmente, un coordinador de intimidad debe estar presente desde la lectura del guion y mantener conversaciones tanto con el director, para ser consciente de lo que este quiere, como con los actores, para saber lo que están dispuestos a hacer y lo que no, actuando a menudo como un intermediario necesario.
Precisamente a favor de esta figura del coordinador de intimidad se han pronunciado numerosos intérpretes en los últimos años. “Ojalá lo hubiéramos tenido antes porque las actrices hemos tenido que pasar por unas situaciones tan delicadas y tan chungas…”, reivindicó Maribel Verdú el año pasado, en el programa de RTVE “Días de tele”.
“Estabas sola y no podías explicar que esa escena no se había acordado de esa manera”, explicó la actriz española, recordando además la primera escena de sexo que rodó, siendo solo una adolescente sin experiencia y remarcando que hoy en día hay más protección y que ya no está dispuesta a rodar sin un coordinador de intimidad.
Si bien las escenas íntimas a menudo exigen cierto grado de desnudez y aunque en la pantalla esta pueda parecer total, los actores a menudo llevan lo que se conoce como “prendas de modestia” (en inglés, “modesty garments”), es decir, ropa interior de color carne que cubre discretamente las partes íntimas.
Además, existen unos elementos llamados “barreras físicas” como pelotas de goma o almohadillas que se colocan para evitar contacto genital directo y que pasan desapercibidos ante las cámaras. Por otro lado, también se puede hacer uso de pelucas vaginales o “merkins”.
En todo caso, cabe decir que los intérpretes están desnudos solo el tiempo justo y ante un equipo muy reducido, normalmente en un set cerrado, con batas y albornoces esperándoles para cubrirse en cuanto han terminado.
Por mucho que la magia del cine haga que todo parezca real, las escenas de sexo son tan impostadas como las de acción, más similares a una danza cuidadosamente planificada que a algo espontáneo (al menos en los últimos tiempos) y en las que los intérpretes tienen el poder de detener la acción.
“Rodar una escena de sexo es en verdad tan complicado como una de acción. Se asume que nadie sabe montar a caballo o pelear o saltar en paracaídas. Y para que sea veraz se ensaya, se entrena. Pues con el sexo debería ser igual. O parecido”, expresó la actriz Maitane San Nicolás.
La también coordinadora de intimidad denunciaba que “durante demasiado tiempo” se había “dejado todo a la improvisación, como si fuera innato o natural el hecho de hacer el amor”. “Y lo puede ser, pero hay que hablarlo para que todo sea consentido. Este es el cambio de paradigma. Y, por otro lado, no hay que dar por hecho que todos tenemos una relación sana con el sexo. En definitiva, actuar es actuar en cualquier faceta, y más en algo tan íntimo", concluyó.
“Nosotros hacemos las escenas conjuntas juntos. Si ellos quieren repasar en casa, lo hacen, pero nosotros intentamos que antes de rodar, el director haya visto en el ensayo, la escena como la quiere, y en el set se repasa la localización que toca”, expresaba por su parte Miryam Benedited en declaraciones a GQ, apuntando además cómo su experiencia como coreógrafa le había ayudado a afrontar su nueva labor de coordinadora de intimidad.
Más allá de la importante labor de figuras como la de la coordinadora de intimidad, en escenas íntimas resulta indispensable, como se puede suponer, cierta confianza y mucha comunicación entre los actores implicados. Recordando el rodaje de la cinta de Netflix “A través de mi ventana”, protagonizada por Clara Galle y Julio Peña, Benedited remarcó lo fácil que había sido trabajar con ellos y lo bien que se llevaban entre sí.
“Se tienen muchísimo respeto, y entre ellos hacían el propio trabajo de coordinador de intimidad, se preguntaban el uno al otro que si estaban bien, que si les parecía bien... Me impactó mucho porque Julio cuidaba mucho de Clara. Es un poco más mayor (él tiene 21 años, ella 19) y estaba siempre muy pendiente de que ella se sintiera bien”, explicó.
De manera similar, el intérprete estadounidense Mike Faist, que en la cinta de Luca Guadagnino “Rivales” protagoniza un trío amoroso junto a Zendaya y Josh O´Connor confesaba durante la promoción del filme que agradecía haber tenido tiempo de conocer a sus compañeros de reparto y hablar de esas escenas en términos de con qué se sentían cómodos.
"Nos hizo a todos sentir como: Vale, estamos bien, todos estamos en la misma página, podemos hacer nuestro trabajo. Y eso es todo, porque esto es trabajo", sentenció Faist.