
La segunda temporada de “La Ruta” traslada la acción a Ibiza en 1996 y 1971, donde dos generaciones viven el mismo sueño de libertad… y sus consecuencias.
A mediados de los noventa, Ibiza era mucho más que una isla: era un mito. Las pistas de baile se habían convertido en templos, los DJ en estrellas y la música electrónica en la promesa de una eternidad hecha de luces, ruido y cuerpos que se movían sin mirar el reloj.
En ese escenario arranca “La Ruta. Vol. 2: Ibiza”, la segunda temporada de la serie original de atresplayer, que se estrena este domingo, 26 de octubre, y que retoma el universo de “La Ruta” desde un ángulo completamente nuevo.
La primera entrega —ocho capítulos que narraban el auge y caída de la ruta del bakalao valenciana— fue una de las ficciones españolas más reconocidas de los últimos años, premiada con el Ondas a Mejor Serie de Drama y con tres galardones Feroz, entre ellos Mejor Serie Dramática y Mejor Actriz Protagonista.
Aquella historia terminaba con una generación agotada, marcada por la euforia y la pérdida. Esta nueva temporada, compuesta por seis episodios de 50 minutos, viaja atrás y adelante en el tiempo para preguntarse de dónde venía todo aquello y qué queda cuando el sueño se acaba.
En esta segunda parte, “La Ruta” cambia el asfalto valenciano por la arena de Ibiza y se traslada a 1996. Allí encontramos a Marc Ribó (Àlex Monner), DJ residente en Amnesia y una de las figuras más reconocidas del momento. Tres años después de su llegada a la isla, Marc se enfrenta a una amenaza que no suena a música, sino a cambio: la llegada de los promotores ingleses, que traen consigo un nuevo modelo de ocio nocturno.
Esa noche, mientras intenta mantener su puesto en la cabina, Marc se reencuentra con Vicky (Carla Díaz), una camarera andaluza que soñaba con la Ibiza de los yates, los reservados y los famosos, pero que sobrevive trabajando de sol a sol en un beach bar y compartiendo piso en San Antonio. Ella representa a quienes sostienen el brillo de la isla sin formar parte de él.
A su alrededor orbitan Julián (Fernando Delgado-Hierro), amigo de infancia de Vicky y enamorado en silencio; Sandra (Lucía Martín-Abelló), su compañera de piso, camarera en Pachá y una de las pocas con los pies en la tierra; y Olivia (Irene Escolar), heredera de un retiro espiritual que intenta desmarcarse del legado de su madre, Violeta.
Todos comparten un mismo paisaje: una isla que promete libertad, pero que acaba devorando a quienes se quedan demasiado tiempo.
Pero “La Ruta. Vol. 2” no solo avanza: también mira atrás. Veinticinco años antes, en los primeros setenta, Ibiza era otra cosa: un refugio de artistas, hippies y empresarios que soñaban con cambiar su vida lejos de la península. En esta línea temporal, el propio Àlex Monner interpreta también a Manuel, el padre de Marc, un joven constructor que llega decidido a levantar su primer hotel y a demostrar que el turismo puede ser su redención personal.
A su lado está Leonor (Marina Salas), su esposa, que siente que la vida se le escapa entre rutinas y silencios. Su existencia cambia cuando conoce a Violeta (Irene Escolar), una mujer libre, carismática y entregada al movimiento contracultural que empieza a expandirse por Europa. A través de ella, Leonor descubre una Ibiza desconocida y una versión de sí misma que nunca había permitido salir.
Completan este retrato Ludmila (Fernanda Orazzi), empresaria cosmopolita, dedicada a la moda y la inversión inmobiliaria, y los personajes secundarios que rodean el auge turístico de la época, figuras que encarnan la tensión entre el sueño hippie y la especulación que pronto transformará la isla.
La gran virtud de esta temporada está en cómo une sus dos líneas temporales. Marc, el hijo, vive una juventud que es un espejo distorsionado de la de sus padres. Ambos llegan a la isla buscando libertad y ambos acaban atrapados por ella.
Ibiza se convierte así en el personaje invisible que une y separa a las dos generaciones: la que levantó los cimientos del mito y la que baila sobre sus ruinas.
El primer episodio, titulado “Opening Ibiza”, marca el tono de la temporada. Los DJ españoles intentan resistir al empuje británico mientras la isla se prepara para convertirse en la capital mundial del ocio. En medio de esa revolución, Marc se reencuentra con su pasado y empieza a intuir que la historia de su familia y la de la isla son, en realidad, la misma.
“La Ruta. Vol. 2: Ibiza” no busca repetir la fórmula de su primera entrega, sino transformarla. Si la anterior hablaba de una generación que lo tuvo todo y lo perdió, esta indaga en el origen: cómo el deseo de libertad se hereda, cómo los hijos repiten los gestos de sus padres y cómo el espejismo de la felicidad termina por alcanzarlos a todos.
La serie vuelve a confiar en Borja Soler como director y en el trío Roberto Martín Maiztegui, Clara Botas y el propio Soler como creadores. Está producida por Atresmedia en colaboración con Caballo Films, con Montse García, Eduardo Villanueva y Nacho Lavilla como productores ejecutivos. El rodaje se ha desarrollado entre la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares, manteniendo la estética cálida, analógica y sensorial que caracterizó la primera temporada.
Tras su paso por festivales y reconocimientos, “La Ruta” fue más que una ficción sobre la música electrónica: fue un retrato generacional. Mostró cómo la búsqueda de placer, pertenencia y libertad podía ser también una forma de huida. Con “Vol. 2: Ibiza”, la historia se amplía, pero el pulso se mantiene.
Hay fiesta, pero también introspección; hay luz, pero también heridas. La serie no idealiza ni demoniza, solo observa cómo las promesas de libertad —ya sea en los setenta o en los noventa— siempre tienen un precio.
“La Ruta. Vol. 2: Ibiza” propone un viaje más íntimo y emocional que el de su antecesora. Porque, al final, lo que une a los personajes no es la música ni la noche, sino la sensación de que cada generación baila su propia canción creyendo que es nueva.
Y cuando las luces se apagan, lo que queda —en 1971 o en 1996— es siempre lo mismo: el eco de lo que fuimos y el intento de volver a empezar.
