
El Cielo y el Infierno nunca serán lo mismo. Un especial de 90 minutos cierra este miércoles 13 de mayo la historia del ángel y el demonio más queridos de la televisión, después de un camino hacia el estreno que nadie hubiera imaginado.
Hoy es el día. Después de tres años de espera, de un cliffhanger que dejó a los fans en vilo y de una producción que tuvo que rehacerse desde dentro, "Good Omens" llega a su fin en Prime Video con un episodio de 90 minutos que promete cerrar una de las historias de amistad más inefables de la televisión reciente.
La tercera temporada retoma exactamente donde terminó la segunda: Aziraphale ha aceptado la oferta de volver al Cielo y ha dejado atrás a Crowley, que se quedó solo en el Soho con el corazón roto. Ahora, convertido en Arcángel Supremo, Aziraphale tiene que supervisar el Segundo Advenimiento, una responsabilidad que le pesa desde el primer momento.
Mientras tanto, Crowley deambula por las calles, en su momento más bajo. La amistad que lleva milenios en pie se ha roto, y el destino del universo depende, en buena medida, de si son capaces de recomponerla.
Que “Good Omens” esté llegando a su fin hoy, en este formato y con esta forma, no estaba en los planes originales. La tercera temporada se concibió como una serie de seis episodios completos. Los guionistas Michael Marshall Smith y Peter Atkins, junto al equipo creativo, escribieron esa temporada entera. Luego tuvieron que destilarla en un solo especial.
El motivo fue Neil Gaiman. En 2024, múltiples mujeres publicaron acusaciones de agresión sexual y conducta abusiva contra el co-creador de la serie y showrunner, basadas en relatos recogidos por Tortoise Media, NY Magazine y Vulture. Gaiman negó cualquier acto no consentido, pero Prime Video cortó los vínculos con él.
La plataforma pausó la producción en septiembre de 2024 y, en octubre de ese mismo año, anunció que la temporada 3 no seguiría adelante como estaba planeada. En lugar de cancelar la serie y dejar el cliffhanger sin resolver, optaron por un término medio: producir el final sin la participación de Gaiman, condensando toda la historia prevista en un único episodio extendido.
El co-guionista Peter Atkins lo explicó públicamente en Bluesky una vez que se actualizó la página de IMDb: "Escribimos una temporada completa de seis episodios y luego la destilamos en el final de 90 minutos". Un ejercicio de compresión narrativa considerable, dirigido por Rachel Talalay, veterana de "Doctor Who" y directora de series como "The Flash" o "Sabrina".
Hay otro elemento que hace singular este final. Los guiones incorporan elementos de una novela secuela que Gaiman y Terry Pratchett esbozaron juntos en 1989, antes incluso de que el libro original se publicara, y que nunca llegó a escribirse. Pratchett murió en 2015. Rob Wilkins, de Narrativia, representa su legado en la producción y ejerce como productor ejecutivo junto a Josh Cole, de BBC Studios Comedy, y la propia Talalay.
Que parte de lo que se verá hoy existía solo como conversación entre Gaiman y Pratchett hace más de tres décadas le da al episodio otra dimensión. Es, en cierta medida, el cierre de una historia que empezó a tomar forma antes de que nadie supiera que iba a convertirse en serie de televisión.
Michael Sheen y David Tennant vuelven como Aziraphale y Crowley, los dos personajes que han sostenido la serie desde el principio y cuya química en pantalla es, para muchos, la razón principal por la que "Good Omens" funcionó cuando parecía imposible de adaptar.
A ellos se suman Doon Mackichan como Miguel, Gloria Obianyo como Uriel, Liz Carr como Saraqael, Paul Chahidi como Sandalphon, Quelin Sepulveda como Muriel y Derek Jacobi como el Metatrón. La gran incorporación de este final es Bilal Hasna, que interpreta a Jesús.
La trama arranca con el Cielo en pleno modo Segundo Advenimiento, con Aziraphale al frente. Poco convencido de la parte de fuego y juicio que viene con el regreso de Jesús, Aziraphale ha trazado un giro más optimista. El problema es que Jesús —que responde al nombre de Joshua, en referencia a su nombre en hebreo— se ha escapado a la Tierra antes de tiempo, y Aziraphale necesita encontrarle antes de que lo haga el Infierno. Para eso necesita a Crowley, que no está precisamente de humor para ayudar.
Las primeras críticas, disponibles desde hace unos días, apuntan a un episodio que cumple con lo esencial —dar cierre a Aziraphale y Crowley— pero que acusa el peso de intentar comprimir demasiado en poco tiempo.
La transición de temporada a especial deja una sensación de precipitación, y si hay algo que no conviene apresurar es el apocalipsis. Aun así, los mismos críticos reconocen que la alternativa —dejar el cliffhanger de la segunda temporada sin resolver— habría sido peor para los fans que llevan tres años esperando saber qué pasa entre el ángel y el demonio.
Es, en definitiva, un final que no llegó como debía llegar, pero que llega. Y eso, en las circunstancias en que se produjo, no es poco.

