
Una confesión que Jacobo nunca esperó escuchar y un gesto que ha hecho llorar a media serie. “La Promesa” solo ha estrenado dos capítulos esta semana, pero han sido suficientes para dejar algunos de los momentos más comentados de todo el verano.
Esta semana "La Promesa" solo pudo estrenar dos capítulos nuevos, los correspondientes al lunes 10 y al martes 11 de agosto, condicionados por la programación especial que la cadena ha dedicado al eclipse solar y a dos episodios especiales que han desplazado la emisión de nuevas entregas al lunes 17 de agosto.
Entre una confesión que rompe un triángulo amoroso y un gesto familiar cargado de emoción, repasamos los dos instantes que más han dado que hablar entre los seguidores de la serie la última semana.
Los sentimientos entre Martina y Adriano llevaban semanas creciendo en secreto, hasta que una noche ella se coló en la habitación del conde dispuesta a dejarse llevar: "No puedo reprimir más lo que siento, lo que deseo".
El romance, vivido a escondidas entre besos furtivos por los jardines del palacio, se truncó con el regreso inesperado de Jacobo, que volvió decidido a reconquistar a su prometida y con un regalo cargado de intención: unas esmeraldas auténticas.
Ajeno a todo, Jacobo le propone a Martina adelantar la boda: "Me he dado cuenta de que quiero casarme contigo y quiero que sea lo antes posible... ahora sé que tú eres el amor de mi vida. Siempre lo has sido".
Ella, incapaz de seguir callando, reúne el valor para confesarle la verdad: "Hay otro hombre: Adriano". La reacción de Jacobo es de incredulidad y rabia: "No tenéis vergüenza... Tú eres mi prometida y él se supone que era mi amigo, se supone que era mi confidente y, en realidad, solo estaba tomando ventaja".
Martina le suplica que no cuente nada, dejando en el aire cómo evolucionará la situación con Adriano, a quien le espera un tenso cara a cara en el próximo episodio.
El bautizo de la hija de María Fernández trajo consigo un giro emotivo de última hora. Don Alonso, que iba a ser el padrino, sorprende a todos con un gesto inesperado justo antes de la ceremonia: "Cuando me pedisteis que fuera el padrino de vuestra hija yo no cabía en mí de gozo, pero creo que hay alguien que se lo merece más que yo". El marqués se dirige entonces a su hijo Manuel: "Confío en que Manuel podrá acompañarla en su andadura durante más tiempo que yo".
María, emocionada, le pregunta directamente a Manuel si quiere asumir el papel, y él acepta sin dudarlo: "Para mí será un auténtico honor". Alonso cede su lugar, y es Manuel quien finalmente sostiene a la pequeña Jana durante la ceremonia.
Se trata de un momento de alegría generalizada que solo empaña el gesto serio de Carlo, todavía dolido después de sorprender a María besándose con Samuel, de que ella le dejara claro que no siente lo mismo por él y siendo testigo, además, de cómo ha sido finalmente Samuel quien ha bautizado a su hija.

