
La boda de Curro y Ángela lo ha sacudido todo en “La Promesa”: Jana ha regresado, Leocadia ha quedado expuesta y dos amores prohibidos han dado pasos decisivos.
Pocas semanas han concentrado tantos acontecimientos importantes en “La Promesa”. La boda de Curro y Ángela estaba llamada a ser el gran acontecimiento, pero el camino hasta el altar terminó abriendo una herida que llevaba demasiado tiempo cerrada en falso: Curro ya sabe quién mató realmente a Jana.
El descubrimiento lo ha cambiado todo. Pía ha perdido al joven al que protegió durante tanto tiempo, Leocadia tiene ahora a su nuevo yerno mucho más cerca de lo que le gustaría y Jana ha regresado por unos instantes para acompañar a su hermano cuando más la necesitaba.
Pero no todo ha sucedido alrededor de los novios. Manuel y Julieta han dejado atrás el último límite que quedaba entre ellos, mientras Samuel y María Fernández han tomado por fin una decisión sobre su futuro. Después de tantas dudas, el sacerdote está dispuesto a abandonar los hábitos.
Repasamos los seis mejores momentos de “La Promesa” de una semana difícil de olvidar:
El hangar llevaba semanas sirviendo de escondite para Manuel y Julieta. Allí podían encontrarse lejos de Ciro y de las miradas del palacio, pero esta vez la excusa de preparar los detalles para la boda de Curro y Ángela terminó llevándolos mucho más lejos.
Manuel propuso a Julieta verse allí durante la noche. Ella tuvo que esquivar a Ciro para acudir a la cita y, cuando finalmente cruzó la puerta, sobraron las explicaciones. Julieta se lanzó a los brazos del heredero y ambos terminaron haciendo el amor por primera vez.
Después llegó una conversación que dejó pocas dudas sobre lo que aquella noche había supuesto para los dos. Julieta reconoció que había soñado muchas veces con ese instante y que había acudido con miedo, aunque sin arrepentirse de lo sucedido.
La joven terminó poniendo palabras a algo que llevaba demasiado tiempo intentando contener: «Contigo he probado el amor de verdad. Jamás me había sentido así con nadie. Tú me has enseñado el significado de amar, Manuel. Y tengo claro que eso no lo quiero perder nunca». El problema esperaba fuera del hangar. Julieta sigue casada con Ciro y su marido ya ha comenzado a sospechar que algo se le escapa.
Y llegó la carta. A pocas horas de casarse, Curro entró en la habitación de Pía para dejarle un regalo. Quería agradecer a quien había elegido como madrina todo lo que había hecho por él desde la muerte de Jana. Allí encontró algo bastante distinto: una carta dirigida a su nombre que Pía había escrito para contarle la verdad.
Curro comenzó a leer y el relato que conocía sobre la muerte de su hermana se vino abajo. Cruz disparó a Jana, sí, pero aquello no fue lo que terminó con su vida. Jana murió envenenada. Y el veneno había sido comprado por Leocadia de Figueroa.
La noticia no podía llegar en peor momento. Curro acababa de descubrir que la mujer responsable de la muerte de Jana era la madre de Ángela, precisamente cuando faltaban unas horas para convertirla en su suegra. El joven desapareció del palacio. Mientras todos esperaban que apareciera para la boda, Curro tuvo que decidir si era capaz de separar a Ángela del crimen de su madre.
Curro regresó. Pero antes de cruzar las puertas de la iglesia tenía una conversación pendiente. Pía llevaba mucho tiempo sabiendo quién había acabado con Jana y había decidido esperar hasta después de la boda para decírselo. Curro no entendió aquella decisión como un intento de protegerlo. Para él fue una traición de la persona en la que más confiaba.
A las puertas de la iglesia, el joven le confirmó que había encontrado la carta y exigió saber desde cuándo conocía la verdad. La discusión fue especialmente dolorosa porque Pía había ocupado un lugar muy importante en su vida desde la muerte de Jana.
Curro no quiso escuchar sus explicaciones: «Por su culpa, he estado a punto de no casarme con el amor de mi vida. No quiero saber nada de usted. Quiero que vuelva a La Promesa, que recoja sus cosas y se marche para siempre. Es usted la mayor decepción de mi vida». Después entró solo al templo sagrado. Pía se quedó fuera, destrozada. En cuestión de minutos había perdido la confianza del joven al que llevaba tanto tiempo intentando proteger.
Curro había llegado hasta el altar, pero todavía quedaba lo más difícil. Ángela no dudó cuando Samuel le preguntó si quería convertirse en su esposa. Curro, en cambio, dirigió la mirada hacia Leocadia. Allí estaba la mujer que acababa de descubrir que asesinó a su hermana, observándolo mientras él debía decidir si quería entrar en su familia para siempre.
Y entonces apareció Jana. No estaba realmente entre los invitados. Fue una ensoñación de Curro, la imagen de su hermana apareciendo precisamente cuando necesitaba separar el amor que siente por Ángela de todo lo que acaba de descubrir sobre su madre. Curro terminó pronunciando el «sí, quiero» y se casó con Ángela. Pero Jana todavía tenía algo que decirle.
A la salida de la iglesia volvió a aparecer entre los invitados para despedirse de su hermano: «¡Qué guapo estás! Has hecho lo correcto, Curro. Te quiero mucho, que no se te olvide nunca».
El regreso sorpresa de Ana Garcés se había guardado con absoluto secreto. Jana volvía casi 400 capítulos después de su muerte para estar junto a Curro en uno de los días más importantes de su vida.
Curro consiguió casarse y contenerse. Eso no significaba que hubiera olvidado lo que acababa de descubrir. Durante el banquete llegó uno de los encuentros más incómodos de la boda. El protocolo llevó a Curro a bailar precisamente con Leocadia y el joven aprovechó esos minutos para comprobar hasta dónde era capaz de llegar su suegra.
La señora de Figueroa habló de Ángela como un tesoro. Curro recogió la palabra y llevó la conversación exactamente hacia donde quería: «Yo una vez tuve un tesoro, lo cuidé y, aun así, me lo arrebataron. Le hablo de mi hermana Jana».
Leocadia continuó sosteniendo la versión que todos habían dado por buena y lamentó lo que supuestamente Cruz había hecho a Jana. Curro no la acusó abiertamente. Todavía no. Pero tampoco estaba dispuesto a dejarla tranquila. Recordó que Jana estaba embarazada cuando murió y Leocadia intentó cortar la conversación asegurando que a los muertos había que dejarlos descansar.
Curro puso entonces fin al baile con una frase mucho menos inocente de lo que parecía: «La vida tiene una forma implacable de devolver cada gesto». Y se marchó, dejando sola a Leocadia en mitad de la pista. No necesitó decir más. Ella todavía no sabe cuánto conoce Curro, pero su flamante yerno acaba de convertirse en alguien a quien tendrá que vigilar muy de cerca porque, en este momento, es su mayor amenaza.
La boda también terminó resolviendo otra historia que llevaba demasiado tiempo atrapada entre avances y retrocesos. Antes del enlace, Samuel acudió a la habitación de María Fernández dispuesto a hablar una vez más de lo que sentía. Ella estaba cansada de conversaciones que siempre acababan en el mismo sitio, pero el sacerdote terminó confesando lo que ya no podía seguir negando: «Lo único que hago últimamente es pensar en ti, es superior a mis fuerzas. Te quiero».
María respondió besándolo y ambos estuvieron a punto de consumar su relación. Samuel frenó antes de llegar hasta el final, incapaz todavía de cruzar esa frontera mientras continuaba siendo sacerdote.
Sin embargo, algo cambió después. La homilía que Samuel pronunció durante la boda de Curro y Ángela nació también de lo que siente por María. Una vez terminada la celebración, el sacerdote dejó de plantearse si debía luchar por esa relación y empezó a pensar en cómo hacerlo. María tampoco tuvo dudas: «No he estado tan segura de algo en mi vida».
Ahora quieren dejar de esconderse. Primero tendrán que hablar con Carlo y después Samuel deberá acudir al obispo para iniciar su salida del sacerdocio. El propio párroco sabe que la dispensa del celibato puede tardar meses o incluso años, pero su decisión parece tomada.
Cuando María le advierte de que hacer pública su relación será una bomba, Samuel responde con dos palabras que resumen el cambio: «Se acabó esconderse». Después de tantas despedidas, besos interrumpidos y dudas, Samuel y María quieren intentar estar juntos. Lo difícil empieza ahora.
