
Laura Souto Queijo
A medida que se acerca la fiesta organizada por Lisandro, más crecen los nervios en palacio. Tanto Adriano como Catalina son conscientes de que se juegan mucho en esa presentación en sociedad, la cual contará con ilustres invitados. El labriego no puede evitar sentirse preocupado por no estar a la altura de lo que se espera de él como conde.
Curro será un aliado indispensable para Adriano en su preparación, y Manuel manifiesta su deseo de no asistir, aunque lo que de verdad le preocupa ahora es la carta que ha recibido de Cruz.
También aumenta el nerviosismo entre el servicio, cada vez más agitado por las órdenes y reproches de Petra, que no considera que hagan un buen trabajo. Lo que no se puede asegurar es si está de verdad tan preocupada por la fiesta o si solo busca una excusa para hacerles pagar por el desprecio que le hicieron.
Lope sigue intentando que Vera le ayude a colarse en el hogar de su familia. Además de buscar pistas para la investigación sobre la joyería, cree que así podría ayudar a liberar a la doncella de la presión familiar que su padre impone sobre ella.
Mientras tanto, Curro, que cada vez está más nervioso respecto a este tema, se plantea la posibilidad de contar a Lope toda la verdad detrás de la investigación a la joyería Llop.
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