
¿Quién es Sara Font? La actriz que ha irrumpido en “La Promesa” como Enora habla por primera vez y lo hace en exclusiva en esta entrevista para vemosTV.
En menos de una semana, Sara Font se ha convertido en uno de los nombres más buscados del panorama televisivo en nuestro país. Su reciente incorporación a “La Promesa”, la serie de época que arrasa cada tarde en La 1 de TVE, la ha situado en el centro de todas las miradas.
Con solo 24 años, esta joven actriz da vida a Enora, un personaje que irrumpe en la trama para agitar el mundo de Manuel (Arturo García Sancho) y ocupar el vacío emocional que dejó Jana (Ana Garcés). ¿Surgirá una nueva historia de amor? ¿Está preparada para las inevitables comparaciones? Lo cierto es que los promisers ya han tomado partido y el debate está servido.
Formada sobre todo en las tablas, Sara Font ha desarrollado gran parte de su trayectoria en el teatro, donde ha construido las bases de su interpretación. Ahora, da el salto a su primer papel en televisión con la naturalidad de quien disfruta cada paso del camino. Como ella misma confiesa, “estoy en un momento de aprendizaje total en todos los sentidos, absorbiendo, aprendiendo y observando mucho”.
Charlamos con ella en su primera entrevista tras su debut, en un encuentro marcado por la cercanía, la alegría y la autenticidad. Sara se muestra transparente, entusiasta y profundamente comprometida con lo que hace. Una conversación para descubrir no solo a la actriz que acaba de aterrizar en “La Promesa”, sino también a la mujer que hay detrás: luminosa, serena y llena de ganas.
Respuesta: Fue todo bastante inesperado. Yo estaba en Barcelona haciendo una obra de teatro, en pleno proceso de ensayos, cuando me llamaron mis representantes y me dijeron que las directoras de casting, Leire y Serrano, querían verme para “La Promesa”.
Tuve muy poco tiempo para preparar la prueba, creo que tres días. Terminé el ensayo en Barcelona sobre las ocho, cogí el AVE a las ocho y media, dormí en casa de un amigo en Madrid y al día siguiente, a las diez de la mañana, ya estaba haciendo el casting. Me tocó interpretar una secuencia escrita solo para la prueba, que no existe realmente en la trama, y eso me pareció curioso después, al ver que no aparecía en los guiones.
Ese mismo día volví a Barcelona directamente a ensayar, sin casi tiempo para pensar en nada. Me dijeron que el proceso tardaría unas tres semanas, pero a los tres días me volvieron a llamar.
En esa segunda prueba ya estaba Arturo Sancho (Manuel), que hizo la escena conmigo. Fue todo más tranquilo, tuve una semana para prepararla. Después nos quedamos un rato hablando y me contó cómo era trabajar en la serie, lo cual agradecí mucho porque te ayuda a entender a qué te estás incorporando.
No recuerdo exactamente cuánto tardaron en darme la confirmación, pero fue todo muy rápido: terminé las funciones de teatro y ese mismo día me fui a Madrid. Empecé a ensayar durante un mes, y luego arrancó el rodaje. De eso hará ya unos dos meses aproximadamente.
R: Lo primero, con mucha ayuda de las coach, por supuesto. Y sobre todo con la disposición de estar abierta a recibir todo lo que te digan y te pidan. Cuando llegas a una serie así, realmente no sabes nada. Puedes tener buena energía y muchas ganas, pero necesitas a los demás para poder construir tu personaje.
Hicimos una primera reunión con Josep Cister (creador y productor ejecutivo de “La Promesa”), que me explicó cómo era Enora, qué buscaban de ella, y a partir de ahí empezamos los ensayos. Recuerdo que hacía frío en aquel momento… ha pasado todo muy rápido. Me grababan en las pruebas y luego enseñábamos esas escenas a Josep, que nos iba guiando: “esto más así”, “esto más por aquí”, y así íbamos puliendo cosas.
Luego comenzaron a venir los compañeros con los que rodaba las escenas, y ahí fue cuando todo empezó a tomar forma. No es lo mismo ensayar sola con las coach que probar directamente con el actor que estará contigo en pantalla. Y tampoco es igual cuando ya estás en secuencia, rodando. Es todo diferente, más real.
Ha sido un proceso muy bonito en el que hemos ido encontrando a Enora poco a poco. Lo que te puedo decir, ahora que ya se ha visto algo del personaje, es que intento aportar mucha energía, luz y ganas de tirar hacia adelante. Estoy trabajando duro en eso.
R: No, en absoluto. Es algo que yo ya sabía que podía pasar, ya me lo habían comentado. Sabemos que el público quiere mucho a Jana, y es completamente normal. Tanto yo como el equipo éramos conscientes de que podía surgir esa comparación. Aunque tampoco se sabe lo que va a pasar con mi personaje, así que todo son suposiciones.
Aun así, no he sentido presión por ello, porque al final yo estoy interpretando un personaje que me han escrito, y vengo a hacer mi trabajo, que es darle vida a Enora. Lo disfruto y me centro en eso. Lo que pase después, sinceramente, no depende de mí ni es mi responsabilidad. Y tampoco tiene por qué afectarme.
Entiendo el cariño que el público le tiene a Jana. Era un personaje maravilloso y, como actriz, Ana también brilla mucho. Lo comprendo perfectamente. Pero no me lo tomo como una comparación personal. Están hablando de los personajes de la serie, no de mí.
R: Uf... es que no sé exactamente lo que puedo contar y lo que no (ríe). Lo que sí se ha visto ya es que, cuando Enora hizo el falso encargo del motor, y Manuel aún no sabía que era ella, dijo algo como: “Este encargo me ha devuelto la ilusión”.
Así que creo que ahí ya hay una pequeña pista. Hay algo en Enora que a Manuel le despierta interés, sobre todo porque comparte su pasión por la aviación.
R: Lo que sí observo es la repercusión que está teniendo todo esto. De repente tengo más seguidores, me ve más gente… Subí una publicación y todavía no han parado las notificaciones. Es un impacto, claro, pero más a nivel personal que como actriz.
Cuando decides ser actriz, sabes que algún día te enfrentarás a esto, a esa exposición, y ahora me está pasando. Así que, de momento, lo estoy observando, viendo cómo me afecta o no. Las redes me gustan, pero las vivo con cierta distancia. Intento ser muy consciente de lo que comparto y, en general, las uso sobre todo a nivel profesional, porque lo prefiero así.
R: La vamos a ver entrando en lugares nuevos y cuestionándose cosas que hasta ahora no se había planteado en su vida. Y eso la va a confundir un poco.
R: Creo que sí, que hay algo. Durante los ensayos y también al principio del rodaje me decían mucho: “¡Sonríe, Sara! ¡que cuando sonríes se ilumina la cámara!”. Y esa sonrisa, al final, es mía. Estoy interpretando un personaje, pero es mi cara, es mi sonrisa. Yo tenía un profesor que siempre me decía: “Es que siempre estás sonriendo, es mirarte y verte sonreír”. Y creo que eso lo compartimos bastante Enora y yo.
También te diría algo que me gustaría aprender de ella: su forma de tirar siempre hacia adelante. Enora es muy positiva, pase lo que pase, siempre sigue, aunque tenga mil piedras en el camino. Yo también lo intento, pero confieso que se me agota la paciencia antes que a ella. En eso me gustaría parecerme un poco más.
R: Sí, recuerdo una mañana que rodábamos en exteriores. Era la primera secuencia del día y aún no hacía calor. Fue un momento muy especial para mí. Estaban los pájaros cantando, todo estaba en calma, como en paz.
Me encanta la energía de esas primeras horas del día, cuando la gente acaba de llegar y todavía no ha pasado nada que les altere. No ha habido estímulos, ni enfados, ni prisas… Todo el mundo está en un estado muy limpio, muy natural. Yo también iba muy tranquila, y ese ambiente tan sereno, casi de amanecer, hizo que disfrutara muchísimo de aquella secuencia.
Además, era una escena bonita, con buena compañía, y eso también se nota. De hecho, ahora, muchas veces cuando vuelvo a rodar a ese mismo lugar, paso por allí y pienso: “Ay, qué bien me lo pasé ese día”. Me quedó un recuerdo muy especial.
R: Pues... haciéndolo. Obviamente hay momentos en los que te agobias, pero sabes que va a pasar. Cada día estás en un estado distinto, emocionalmente, energéticamente... Y además aquí no tenemos horarios fijos. Cada semana nos pasan el plan de rodaje, así que no puedes establecer una rutina al uso. Tienes que adaptarte a ese ritmo de vida, a estudiar, a rodar, a estar concentrada, y eso al principio agobia, claro. Hay momentos en los que lo pasas mal, es normal.
Pero al final, tienes que confiar en ti. Es un ritmo frenético, y en mi caso he tenido suerte, porque venía acostumbrada a recibir texto, aprenderlo y hacerlo. Aun así, esto es diferente. Es una rueda que no para. Cuando parece que vas a descansar, ya tienes que estar estudiando lo de la semana siguiente. No puedes parar. Es otra mentalidad: vienes aquí a hacer esto, y tienes que estar muy enfocada.
También me he dado cuenta de que la mayoría de los que estamos en la serie estamos formados, y eso no es casualidad. Necesitas esas herramientas. Porque hay días en los que, simplemente, no estás bien, y ahí es cuando tiras de técnica. Es necesario tener recursos, y la formación te los da.
R: Estás ahí cada día haciendo lo que te gusta. Cada día te vistes con el vestuario de tu personaje, te transformas, lo interpretas... Y eso, a mí, me parece increíble. Un día me paré a pensarlo y recordé que cuando era pequeña, llegaba a casa y me disfrazaba todos los días. Todos. Y ahora, de adulta, vengo aquí cada mañana, me pongo el vestuario —que no es un disfraz, porque lo vivo como parte del personaje— y me convierto en otra persona.
Obviamente hay días en los que estás cansada, en los que has dormido poco y piensas “no puedo más”, pero da igual, porque lo haces. Estás ahí. Y creo que eso también tiene mucho que ver con los compañeros, que ayudan muchísimo. Ellos son parte fundamental de que el trabajo diario se disfrute y se sostenga.
R: Desde el primer día todo el mundo fue súper amable y simpático, tanto los actores como el equipo técnico y de producción. Fue una acogida muy cálida. Con Marta Costa conecté enseguida, porque al principio me pusieron a compartir camerino con ella, y fue genial.
También me llevo muy bien con Álvaro Quintana, la verdad. Y con Arturo... es que Arturo se lleva bien con todo el mundo, está siempre de broma, haciendo reír a todos, y eso se agradece muchísimo.
R: Sí, sí, totalmente. No tengo ninguna duda. Al principio pensaba que quería ser bailarina —de hecho, empecé ballet y otros estilos de danza cuando tenía seis años y estuve hasta los doce—. Fue entonces cuando mis padres me propusieron hacer las pruebas para la ESO de danza en Barcelona. Yo encantada, claro. Pero pensaron que quizá era muy pequeña para encasillarme ya, así que empecé a probar otras cosas.
En la ESO hice algunos cursos de interpretación durante los veranos y también clases los viernes por la tarde. Y cuando tuve que elegir bachillerato, mi madre me ayudó muchísimo buscando opciones. Encontramos un instituto donde podía cursar el bachillerato artístico escénico. No fue fácil, pero si no lo dejaba era porque realmente me apasionaba.
Después de eso ya vino la carrera, y desde entonces no he parado. Recuerdo que un día le dije a mi madre: “Mamá, si no soy actriz, ¿qué voy a ser? No puedo ser otra cosa”.
Había pensado en ser maestra, porque me gustan mucho los niños —de hecho, he sido monitora y profesora de teatro—, pero no es lo mismo. La sensación es completamente distinta. Así que sí, siempre supe que esto era lo mío. Era esto… o nada.
R: Me gusta todo, la verdad. Lo que venga, lo recogeré súper agradecida. Cada medio tiene algo diferente que ofrecer, y aunque quizá el cine y la televisión se parezcan más entre sí, el teatro es un mundo completamente distinto. No se pueden comparar: cambia la forma de colocarse, de interpretar, de recibir al público… Todo es distinto.
Ahora mismo estoy en televisión y estoy disfrutando muchísimo de esta experiencia. Pero en realidad me interesa todo. Lo que venga, bienvenido será.
R: Siempre he pensado que me encantaría poder compaginar el cine y el teatro. Creo que no es imposible. Los rodajes de cine tienen una duración concreta, igual que las temporadas teatrales, así que podría ser una buena combinación.
También me imagino dentro de 15 años con una vida un poco más estable, viviendo en un lugar fijo y pudiendo trabajar desde esa ciudad. Si tuviera que moverme, que fuera por proyectos puntuales. No sé si será así, pero es algo que me gustaría, porque valoro mucho estar cerca de mi familia.
Ahora estoy en Madrid y lo estoy disfrutando, pero hay días en los que pienso: “me gustaría estar más cerca de los míos”. Aun así, siento que este es el momento de vivir lo que me está pasando y aprovecharlo al máximo.
P: ¿Un actor que admires?
R: Oriol Pla. Me encanta cómo trabaja, cómo enfoca su profesión, cómo se mete en los personajes… Además, vive muy cerca de donde estoy en Barcelona y lo he visto varias veces por la calle. Me transmite una cercanía muy humana.
P: ¿Una actriz que te inspire?
R: Sí, me gusta mucho observar a Ana Castillo, Belén Cuesta o Macarena García. Creo que, de algún modo, compartimos perfil, pero ellas ya han hecho un recorrido que a mí me gustaría vivir. Me inspiran mucho. Me fijo en cómo trabajan, cómo interpretan, cómo se mueven… Y, además, como son amigas entre ellas, me encanta ver qué proyectos hacen, cómo se apoyan, y seguir de cerca sus trayectorias.
P: ¿Una película que te haya marcado?
R: “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, de David Trueba.
P: ¿Una serie que te haya emocionado?
R: “El tiempo que te doy”, de Nadia de Santiago. Me gustó mucho porque todo en ella es muy delicado, y eso es algo que valoro mucho. Se nota que el tema está tratado con cuidado, con una intención y con ganas de transmitir un mensaje, y eso me llega.
P: ¿Tu lugar favorito del mundo?
R: Mi pueblo, La Mata de los Olmos.
P: Si pudieras tener un superpoder, ¿cuál sería?
R: Me encantaría poder teletransportarme. Sería lo más práctico: haría así y ya estaría en el plató, sin necesidad de que me vinieran a buscar a casa. Aunque si hablamos de diversión, volar también molaría bastante… pero para lo funcional, sin duda, me quedo con teletransportarme.
