
Pelin pierde a su bebé mientras Ferit y Seyran se besan y Halis intenta en vano liberar a Orhan. Resumen del episodio 58 de “Una nueva vida”, la serie turca de Antena 3 para las noches dominicales.
La cadena principal de Atresmedia estrenó este domingo por la noche el vigesimosegundo episodio de la segunda temporada de "Una nueva vida", una de las superproducciones turcas del momento, protagonizada por Mert Ramazan Demir y Afra Saraçoğlu.
En el capítulo 58, Halis promete a Orhan que lo sacará de la cárcel, pero los hombres de Ökkes lo impiden. Suna, obsesionada con su destino, no quita ojo a Ferit, provocando los celos de Kaya. Y cuando Pelin es trasladada a la UCI, su hijo, nacido por cesárea, fallece. En esas, Nevra aparece en el hospital avisando a Ferit: a partir de ahora, será su sombra.
Convencido de que sigue enamorada de Ferit, Akin descarta una relación con Seyran, a quien Kazim prohíbe ver a Ferit. Con Pelin desahuciada, Seyran y Ferit se besan en la clínica y Serter descubre que es el padre biológico del malogrado bebé. En la que podría ser su última conversación y sabiendo ya que Pelin lo engañó, Ferit la perdona mientras ella agoniza...
Mientras Pelin se apaga y los médicos tratan de salvar a su bebé, Ferit y Serter convierten el hospital en un campo de batalla, culpándose el uno al otro del desgraciado parto de la joven. Las amenazas de ambos se mezclan con la angustia de los Yanik, hasta que Zerrin, rota de dolor, irrumpe en la sala de espera.
Al ver a Serter y Ferit, la madre de Pelin monta en cólera y no sólo apunta contra ellos, sino que acusa a toda la familia Korhan de haber destrozado la vida de su hija y su nieto. Y cuando se topa con Seyran, le lanza una frase que suena a maleficio: "Ojalá jamás hubieses pisado esta ciudad".
Por su parte, Suna insinúa que su presencia allí solamente obedece a una razón: que salga a la luz la identidad del verdadero padre de la criatura que lucha por sobrevivir, pues su futuro en la mansión depende de ese secreto. Más tarde, Pelin es internada en cuidados intensivos y los doctores anuncian que el niño, demasiado prematuro, no ha resistido. Entonces, Serter desaparece y Ferit, de rodillas, suplica a Zerrin que perdone su larga lista de errores.
Acto seguido, Ferit se tira a la calle como un poseso y, al localizar a Serter, lo tacha de "asesino" y lo derriba a golpes, jurando que pagará por la muerte de "mi hijo". Al final, Seyran consigue calmar a su todavía marido, ofreciéndose como paño de lágrimas permanente.
Halis asegura a Ferit que moverá los hilos necesarios para que Orhan recupere la libertad. Lo que ninguno de los dos sospecha es que, en ese mismo momento, Orhan yace apaleado en el suelo del baño, víctima de otra emboscada orquestada por Samet, el lacayo de Ökkes dentro del presidio. No obstante, su mano derecha esconde el hecho a Kazim, más preocupado en fantasear con un romance de película entre Seyran y Akin.
Durante una de sus conversaciones en el hospital, Ferit desliza a Seryan la posible implicación de Kazim en las agresiones que Orhan padece en la cárcel. Y aunque escuchó con claridad cómo su padre y Ökkes tramaban su venganza, ella opta por mentir.
Espantando al comprobar que Orhan es la viva imagen de un ecce homo, Halis arremete contra el alcaide del penal, garantizando a su hijo que, en unas horas, dormirá en la mansión. Así, comienza a llamar a la puerta de ciertas figuras de peso que le permitan cumplir su promesa.
Pero llegada la noche, no hay forma de obtener la excarcelación, y el patriarca comprende que alguien está jugando con él. De su lado, los internos, entre burlas y amenazas, advierten a Orhan de que su sufrimiento no ha hecho más que empezar.
Harto del escándalo que unos y otros están protagonizando en el hospital, Halis impone a Ferit y Serter un test de ADN para resolver el misterio de la paternidad del hijo de Pelin de una vez por todas.
Latif se atreve a recordar al magnate que la criatura ha muerto, pero él, inflexible, insiste en que la prueba se lleve a cabo. Al abandonar la clínica, Hattuç increpa con dureza al que fuera su amor de juventud, acusándolo de provocar la tragedia y avisando de que lo peor está por venir.
Posteriormente, Serter es el primero en abrir el sobre con el resultado de los laboratorios: el vínculo entre él y el bebé recién fallecido es innegable. Por su parte, Ferit, incapaz de enfrentar la verdad, prefiere guardar el papel para una mejor ocasión. Y Seyran, que en esos instantes es la única testigo de su hondo pesar, respeta su decisión.
No obstante, vencido por la necesidad de saber, Ferit consulta por fin el documento justo antes de cruzar la puerta de la UCI, donde le espera Pelin. De este modo, se da cuenta de que su exnovia lo manipuló.
En el hospital, Akin destaca la entereza de Seyran, constantemente pendiente de los demás, incluso cuando se trata de su exmarido y el hijo de su antigua amante. Y Suna, atrapada en los augurios de Fikriye, sigue cada movimiento de Ferit, hasta que logra un instante a solas con él. Como era de esperar, Kaya, al descubrirlos, estalla de furia.
Tras soportar vía móvil los reproches de Kazim y en persona el desprecio de Ifakat, Seyran se aleja de la clínica junto a Akin, quien no pasa desapercibido para Ferit. Durante el trayecto hacia la nueva residencia de los Sanli, Akin confiesa que no quiere ni boda ni compromiso y plantea engañar a Ökkes y Kazim, para no amargar sus expectativas. Poco después, su padre prohíbe a Seyran volver a acercarse a Ferit.
En el hospital, los especialistas comunican que Pelin está en manos de la providencia y Ferit implora a Seyran que no lo deje solo. Ella, ignorando a Kazim, regresa sin dudar al sanatorio. En paralelo, Suna también se prepara para salir, y cuando Kaya sugiere que hay segundas intenciones, recibe una inesperada bofetada.
En medio de la tragedia, las palabras de Seyran encienden una llama en Ferit, que se inclina a besarla. A escasos metros, Suna y Kaya presencian la escena paralizados.
De repente, Ferit observa a Sehmuz caminando lentamente por el pasillo. Cuando se planta ante él, el tío de Pelin le anuncia con la voz quebrada que su sobrina ha recobrado la consciencia y está delirando, advirtiéndole que eso podría ser la señal de un desenlace inminente.
El último deseo de la chica es contemplar una vez más a Ferit, y éste, animado por Seyran, se adentra en la fría habitación, en la que ella, extremadamente débil, se interesa con dificultad por "nuestro bebé". Él le esconde la cruda realidad y afirma que acaba de visitar al niño: "Nuestro hijo está bien, muy bien".
Pelin, que parece adivinar que el reloj avanza inexorablemente en su contra, intenta articular una breve frase para liberarse antes de partir del pesado secreto que la atormenta.
Pero cuando Ferit, por compasión, decide que ambos se perdonen las heridas del pasado, el silencio da paso al estridente sonido de las máquinas que mantienen viva a la joven, alertando de que su cuerpo convulsiona violentamente. Entonces, Ferit, desgarrado, piensa que, ahora sí, ha llegado el final.
