
Seyran contrae matrimonio con Sinan; Diyar amaga con dejar a Ferit; Kazim descubre el secreto de Abidin; y Betül y Nurten irrumpen en la mansión. Resumen del episodio 75 de “Una nueva vida”, la serie turca de Antena 3 para las noches dominicales.
La cadena principal de Atresmedia estrenó este domingo por la noche el segundo episodio de la tercera temporada de "Una nueva vida", una de las superproducciones turcas del momento, protagonizada por Mert Ramazan Demir y Afra Saraçoğlu.
En el capítulo 75, el reencuentro con Ferit en la boda de Suna y Abidin despierta en Seyran sentimientos que creía enterrados. Él, incapaz de verla con Sinan, recae en el alcohol, y Diyar amenaza con romper su relación. Ayla Kantarci promete destapar el "fraude" de Seyran con la ayuda de su hermano y su hija. Y Betül consigue que Orhan la acomode definitivamente en la mansión junto a Nurten, su progenitora.
Suna, ignorando que su padre le pisa los talones, se dispone a liquidar una misteriosa deuda. Sin embargo, su acreedor no se conforma: "Te chantajearé hasta que Abidin sepa que es un Korhan". Kazim, que ha escuchado todo, no sale de su asombro. Celoso de Ferit, Sinan estalla contra Seyran, y luego la coloca en una difícil tesitura a las puertas del registro civil, empujándola a casarse en ese mismo instante...
Dos años atrás, mientras Seyran permanecía hospitalizada, Suna, sosteniendo que su hermana no deseaba mostrarse vulnerable, vetó las visitas de Ferit. Más tarde, éste comprendió que existía otra razón: Sinan, un muchacho con la misma enfermedad. Así, Suna le confesó que la certeza de un final inevitable había acercado a Seyran y Sinan, y ese vínculo les "devolvió la vida".
En el presente, el reencuentro en el enlace de Abidin y Suna de Ferit y Seyran, distanciados desde entonces, reaviva en ellos una llama que jamás se apagó. Aunque Sinan se muestra encantador con Ferit, cediéndole su puesto como testigo de Abidin, y éste le corresponde felicitándolo por su próxima boda con Seyran, el ambiente se enrarece con el paso de las horas.
Al final, es Kazim quien acaba rompiendo la armonía cuando, temeroso de que su antiguo yerno espante al futuro marido de Seyran -cuyo abundante patrimonio se había encargado de rastrear previamente-, trata de expulsar a Ferit de la celebración.
Por su parte, a Betül, embarazada del que será el tercer vástago de Orhan, le sobreviene una hemorragia en medio de una violenta discusión con su madre, Nurten, quien la presiona para cazar cuanto antes la fortuna del hijo de Halis.
Aunque la criatura que espera permanece a salvo, la secretaria aprovecha el sobresalto para lograr que Orhan la instale de manera permanente en la residencia Korhan junto a su progenitora, provocando la furia de Ifakat y Gülgün y el asombro de Hattuç, quien, no obstante, traga con el capricho del padre de Ferit.
Más tarde, Serpil, incapaz de guardar silencio, revela a Betül y Nurten que la mansión pertenece a Seyran, y no al clan Korhan, que vive allí de alquiler. Sus palabras dejan a ambas mujeres con los ojos como platos, debido a la incredulidad.
Cuando Suna y Abidin se disponen a disfrutar de su noche de bodas, ella observa a lo lejos a un enigmático hombre al que parece conocer. Una vez consigue deshacerse de su flamante esposo, la joven se encara con Sevki, un turbio personaje al que debe dinero. Por la mañana, Kazim, oculto tras un muro, contempla cómo el sujeto exige a su primogénita la suma pendiente.
La muchacha, decidida a mantener a Abidin al margen, le ofrece como garantía una valiosa joya que la tía Hattuç le ha regalado por su casamiento. Sobresaltado, su padre corre a protegerla, aunque ella lo frena con un burdo pretexto. Después, Seyran, sin pedirle explicaciones, hace a su hermana una transferencia de dos millones. Esa noche, Kazim averigua gracias a Hattuç que Suna le mintió.
Al día siguiente, la mayor de las Sanli, desconocedora de que su progenitor la persigue, se cita con Sevki para saldar la misteriosa deuda, pero el individuo avisa: la extorsionará hasta que Abidin descubra que es un Korhan. "¡Qué bomba!", masculla Kazim, escondido detrás de unos árboles.
Ferit, devorado por los celos al contemplar a Sinan acariciando a Seyran, se entrega a la bebida y se marcha de la boda para perderse en el alcohol. Diyar, sin obtener respuesta a sus llamadas, imagina lo peor. Sus sospechas se confirman al encontrar a Ferit, borracho como una cuba, tendido entre bolsas de basura.
En la mansión se angustian ante la desaparición de Ferit, de cuyo equilibrio anímico depende la supervivencia del emporio familiar. En paralelo, Diyar, viendo que apenas puede caminar, lo lleva a su piso. Por la mañana, la chica, marcada por la muerte de sus progenitores a causa de los excesos, le recrimina no haber resistido la tentación y le advierte sobre una posible ruptura.
Desoyendo a Diyar, Ferit, imposibilitado para dibujar por culpa de los temblores, se aferra a la botella como único consuelo. Finalmente, Gülgün da con su hijo y, gracias a la intervención de Seyran, que le envía sus antiguos proyectos, Ferit consigue salir airoso de una reunión crucial para el porvenir de la firma de joyería.
Terminada la boda de Suna y Abidin, Sinan, consumido por los celos, lanza una insinuación a Seyran: su prometida no lo ama realmente. Así, Esme aconseja a su hija menor que, ante cualquier titubeo, detenga su enlace con él. Entretanto, Ayla, la rígida madre del joven, despotrica de Seyran sin haberla tratado siquiera.
Indignada por la desconfianza de su novio, Seyran se dirige al domicilio de los Kantarci, donde Sinan, frente a su hermana, Hazal, y su tío, Mümtaz, suelta a Ayla que se casa, obligándola a aceptar el matrimonio. Sin embargo, la matriarca jura desenmascarar a Seyran con la complicidad de su hija y su hermano.
La tensión escala cuando Seyran y Sinan se cruzan con Ferit en una pizzería. Después de descargar su rabia contra ella, Sinan, delante del registro civil, somete a Seyran a una decisión límite, arrastrándola a formalizar su unión en ese mismo momento...

