
Seyran logra la rendición de Ferit, quien mantiene la ilusión de Diyar; Abidin firma la paz y a Betül se le acaba el crédito: su bebé no es de Orhan. Resumen del episodio 83 de “Una nueva vida”, la serie turca de Antena 3 para las noches dominicales.
La cadena principal de Atresmedia estrenó este domingo por la noche el décimo episodio de la tercera temporada de "Una nueva vida", una de las superproducciones turcas del momento, protagonizada por Mert Ramazan Demir y Afra Saraçoğlu.
En el capítulo 83, tras frenar su marcha a Antep, Halis alienta a Seyran a reconquistar a Ferit y la joven advierte a su exmarido: o Diyar o ella. Esme sigue obcecada con regresar a su ciudad natal, mientras Suna y Abidin se disponen a instalarse en la mansión y Aysen incita a Sinan a asaltar la vivienda. Y después de descubrir que Betül es infiel a Orhan, Halis exige someter al bebé de la secretaria a una prueba de ADN.
Ferit resuelve romper con Diyar, pero recula al comprobar que la destrozaría. Hattuç revela a Abidin la verdad: fue su padre quien intentó asesinar a Halis. Entonces, el exchófer admite ante Suna que su herida se ha cerrado. De su lado, Binnaz empuja a su nieta a mudarse a la mansión. Y acuciado por una horrible pesadilla con Diyar, Ferit arroja al suelo su anillo de compromiso y besa apasionadamente a Seyran...
Después de evitar la partida a Antep de Seyran, Halis expulsa a Abidin, quien lanza una advertencia a su cuñada antes de marcharse: deben saldar cuentas por la jugarreta de la mansión. Mientras, Diyar, herida en su orgullo, encara a Ferit por el emotivo abrazo que acaba de darle a su exesposa. Aun así, él le promete que, cuando capturen a Sinan, Seyran regresará a su hogar. Entonces, ella le concede una última oportunidad.
A solas, Halis agradece a Seyran que respetara el acuerdo sellado entre ambos sobre Abidin. La joven admite que aún ama a Ferit y el patriarca le revela que impidió su marcha de Estambul porque su nieto comparte ese mismo sentimiento hacia ella, pese a su empeño en formalizar su unión con Diyar. De este modo, Halis anima a Seyran a recuperar a Ferit, aunque eso suponga alterar a los Korhan.
Diyar, decidida a no ceder, empieza a transformar el cuarto de Ferit, convencida de que pronto lo ocupará junto a él. Al enterarse, su prometido entra de golpe: "¡Todavía no es nuestro dormitorio!", exclama ante Seyran, desconcertada por la paciencia de la abogada. Posteriormente, la menor de las Sanli desafía a su exmarido: o elige ya, o perderá a ambas.
Sin percatarse de que Betül lo espía, Halis encarga a Ifakat que el futuro hijo de la secretaria sea sometido a un análisis genético, sentenciando que no habrá enlace hasta conocer el veredicto. El patriarca esconde a su nuera lo que ha averiguado sobre Betül: su relación es de conveniencia, pues sostiene un romance con uno de los chóferes. Además, cuando acudió a él para quejarse de las trampas de Orhan e Ifakat, solo buscaba avivar el conflicto familiar.
Ajeno a esa doble vida, Orhan promete a Betül que nunca se apartará ni de ella ni del bebé. Por su parte, la joven, consumida por el temor a que Halis descubra que la criatura que espera no es un Korhan, sugiere ponerle Fuat en memoria del hijo fallecido de su prometido y presiona para adelantar la boda, consciente de que el tiempo juega en su contra.
Halis ensalza la franqueza de Seyran mientras señala al resto del clan por maniobrar a sus espaldas, amenazando con enseñar la puerta al siguiente en plantarle cara. Esme, obsesionada con volver a Antep, le suplica permiso para marcharse, pero el patriarca esquiva la petición con evasivas.
En mitad de la tensa cena, Abidin y Suna -arrastrada por su marido- aparecen maleta en mano, listos para ocupar la mansión. El nuevo numerito del antiguo chófer desencadena otro monumental escándalo.
Con tal de frenarlo, Hattuç simula un desvanecimiento, farsa que utiliza para dar largas a la pretensión de huir a su ciudad natal de Esme, quien, entre lágrimas, implora a Ferit que se distancie de Seyran para siempre. A la par, Orhan e Ifakat se desgañitan intentando que Abidin entre en razón y él sube la apuesta: demanda un cargo de influencia dentro del negocio de joyería.
A todo esto, Aysen, al ver a Suna instalada junto a Abidin en la mansión, empuja a Sinan a irrumpir en la residencia de los Korhan sin miramientos. De su lado, la mayor de las Sanli, cansada de la sed de venganza de su esposo, suelta la bomba: "Quiero separarme", espeta a Abidin, provocando que éste rompa a llorar desconsoladamente.
En el sosiego de sus aposentos, Hattuç se compadece de Abidin, rota por el remordimiento de haber obedecido a Latif, abandonándolo en un orfanato. En esas, Halis deposita una bala en la mano de su esposa: él jamás pensó en asesinar a su hermanastro, sino que éste casi lo mata con un disparo por la espalda.
Más tarde, Hattuç se compromete ante Suna a que Abidin y Halis firmen la paz. Después, la tía de los Sanli desvela la verdad al marido de su sobrina: fue su progenitor quien trató de acabar con Halis.
Tras escucharla, el antiguo chófer, aliviado y exhausto, confiesa a Suna que la herida por fin empieza a cicatrizar. Ella renuncia al divorcio y contribuye a su serenidad con un beso, invitándolo a despojarse de ese viejo dolor que arrastra, como quien depone las armas al finalizar la guerra.
Ferit explota contra Seyran, reprochándole su ausencia de dos años, y ella contraataca: mientras Diyar siga interponiéndose entre ellos, no existirá ningún "nosotros". Por la mañana, él resuelve romper el compromiso, pero se desdice al comprobar el daño que causaría a Diyar. Sin embargo, cuando Ferit se va, la abogada se arranca la alianza y afirma a sus abuelos que su relación ha terminado.
Al exponerle que, al final, se ha reconciliado con Diyar, Seyran acusa a Ferit de cobarde y amaga con poner rumbo a Antep. En paralelo, Binnaz convence a su nieta para que se mude a la mansión y arrebate su sitio a Seyran. Entretanto, Gülgün urge a Ferit a dejar de esconderse detrás de la compasión.
Esa noche, Ferit despierta sobresaltado a causa de un mal sueño con Diyar y se refugia en la alcoba de Seyran, quien le suplica que admita de una vez que no puede vivir sin ella. "Yo soy para ti, lo que tú eres para mí... ¿vas a aceptarlo?", susurra Seyran. Ferit no responde con palabras: arroja el anillo de prometido y la besa con una intensidad que roza la desesperación...
