
La serie de Antena 3 mantiene la esencia de “Las hijas de la criada”, pero cambia algunos de sus momentos clave. Descubre qué diferencias hay entre la novela de Sonsoles Ónega y su adaptación.
Hay una pregunta que se repite entre quienes han leído "Las hijas de la criada" y ahora siguen la serie de Antena 3: ¿hasta qué punto la adaptación es fiel a la crudeza de las relaciones entre los protagonistas de la novela de Sonsoles Ónega?
La respuesta no es sencilla. La ficción no ha suavizado por completo el libro, pero sí presenta algunos pasajes de una manera diferente. Hay tres claros ejemplos de ello: el parto de Inés y Renata, el intercambio de las bebés y la construcción del personaje de Gustavo Valdés.
Desde que Antena 3 estrenó la serie el pasado 3 de septiembre de 2026, los lectores de la novela han comparado lo que ocurre en pantalla con el relato original. La ficción, rodada en distintas localizaciones de Galicia, Madrid y Canarias, pone negro sobre blanco que trasladar la historia de la novela a la televisión implica cambios de ritmo, en la forma de mostrar las emociones y, en ocasiones, la percepción de los personajes.
Una novela no puede trasladarse palabra por palabra a la pantalla, y eso no siempre es negativo. La propia Sonsoles Ónega lo ha asumido sin mayor problema, aceptando que llevar su historia a la tele conllevaba modificar ciertos aspectos de la misma.
El nacimiento de las dos niñas es el punto de partida de toda la historia y del entramado de relaciones que marcará el futuro de los protagonistas.
La serie establece desde el primer momento la diferencia entre Inés (la señora de Valdés) y Renata (la criada y guardesa del pazo). Las dos dan a luz en el pazo del Espíritu Santo, pero en circunstancias bien distintas. Mientras Inés recibe atención médica, Renata lo hace en condiciones más precarias. Apenas unos metros separan a ambas mujeres, pero esta distancia marca una enorme distancia social.
En la novela, Ónega profundiza más en lo que sienten las dos protagonistas y en las diferencias que existen entre ellas. En televisión, en cambio, esas sensaciones tienen que transmitirse mediante imágenes, miradas, diálogos y un montaje más rápido. El drama es el mismo, se mantiene, pero el espectador recibe la escena de una forma menos cruda que el lector.
El momento decisivo llega después del nacimiento de las niñas. Renata comprende que su hija, pese a ser descendiente del patriarca Gustavo Valdés, está destinada a una vida de pobreza y servicio, mientras que la niña de Inés crecerá protegida por el apellido y por la fortuna familiar. Ante esta situación, Renata toma una decisión terrible: intercambiar a las recién nacidas para cambiar el destino de su propia hija.
En "Las hijas de la criada", la narración posibilita que el lector se meta dentro de la cabeza de Renata, que conozca sus pensamientos, sus dudas y el conflicto interno en el que está envuelta. La serie abre una vía diferente.
En televisión, el espectador ve cómo la sirvienta se acerca a las cunas y ejecuta el plan que cambiará para siempre la vida de Clara y Catalina. Antena 3 apuesta así por el impacto visual y por la tensión inmediata, dejando en segundo plano la batalla interna de la criada.
Una vez más, se simplifica este trozo de la historia en la pantalla. El seguidor de la serie llega a este punto sorteando las piruetas mentales de Renata y pasando de puntillas por su desesperación.
Gustavo Valdés es otro de los personajes que adquieren una dimensión diferente en televisión. En la novela, el patriarca aparece como un hombre autoritario, arrogante, egoísta e infiel, acostumbrado a ejercer su poder tanto en los negocios como en sus relaciones personales. Su posición de dominio resulta especialmente evidente en su relación con Renata.
La serie, sin embargo, introduce ciertos matices a su personalidad. El patriarca no se presenta sólo como un villano, sino más bien como un personaje víctima de sus circunstancias y de las rígidas normas sociales y familiares de su época.
En televisión, el espectador va conociendo su personalidad progresivamente, a través de sus encuentros clandestinos con Renata, sus decisiones empresariales y sus enfrentamientos con otros personajes. La adaptación, por tanto, ofrece una visión algo menos contundente del burgués industrial que la que plantea la novela.
¿Supone todo esto una traición a la obra original? Para Sonsoles Ónega, no. La escritora ha explicado que confió en el equipo encargado de adaptar "Las hijas de la criada" y que llevar la historia a televisión implicaba necesariamente introducir cambios. De hecho, la autora ha reconocido que hay elementos de la ficción que considera incluso mejores que en su novela.
Antena 3 mantiene los grandes ingredientes de la historia: el intercambio de bebés, los secretos familiares, las diferencias sociales, las relaciones prohibidas y la lucha por el poder. Lo que cambia es la manera de contar algunos de los episodios más duros.
Por eso, más que preguntarse si la serie es fiel a la novela, la clave está en comprobar hasta qué punto los lectores reconocen en televisión la historia y los personajes de "Las hijas de la criada".

