
La boda de Curro y Ángela escondía mucho más de lo que vimos en pantalla. Meses de preparación, escenarios históricos y un viaje a Lisboa que llevó a “La Promesa” a hacer algo nunca visto hasta ahora.
La boda de Curro y Ángela no ha sido un acontecimiento más en “La Promesa”. Detrás de las imágenes que finalmente han llegado a la pantalla hubo meses de trabajo, tres intensas jornadas dedicadas únicamente al enlace, un vestido confeccionado especialmente para Marta Costa, varias localizaciones históricas y un viaje que ha llevado a la serie mucho más lejos de lo habitual. Literalmente.
La producción enlazó la ceremonia celebrada en Cogolludo y el banquete en el inconfundible Palacio El Rincón con la luna de miel de los recién casados en Lisboa. Y allí alcanzó un hito que hasta ahora no se había producido desde el estreno de la ficción: “La Promesa” salió de España para rodar parte de su historia.
El resultado en pantalla dura apenas unos capítulos, pero permite hacerse una idea de la magnitud que alcanzó un arco argumental pensado para marcar un antes y un después en la historia de Curro y Ángela. Una boda que debía ser feliz mientras Curro acababa de descubrir quién estaba detrás de la muerte de Jana y una luna de miel que, bajo las postales de Lisboa, esconde precisamente las consecuencias de esa revelación.
En una serie diaria, donde el ritmo de producción obliga a trabajar con calendarios especialmente exigentes, organizar una secuencia con buena parte del reparto, figuración, exteriores y cambios de localización supone alterar considerablemente la maquinaria habitual. La boda de Curro y Ángela comenzó a prepararse muchos meses antes de que las cámaras empezaran a grabar.
La idea partió de Josep Cister, creador y productor ejecutivo de “La Promesa”. Después empezó un proceso en el que participaron prácticamente todos los departamentos de la serie. Antes del rodaje, los responsables de cada área realizaron una lectura conjunta de los guiones y el director de estos episodios, Miguel Conde, fue definiendo junto a Cister cómo debía afrontarse cada jornada.
No bastaba con decidir dónde colocar las cámaras. Había que comprobar previamente los espacios, estudiar movimientos, prever necesidades de producción y coordinar vestuario, maquillaje, arte y figuración. El equipo realizó para ello las correspondientes localizaciones técnicas antes de enfrentarse a los tres días que finalmente fueron necesarios para grabar el enlace. Y la ceremonia ni siquiera se rodó en el lugar donde habitualmente vemos a los marqueses de Luján.
Para el “sí, quiero” de Curro y Ángela, “La Promesa” regresó a Cogolludo, en Guadalajara, una localización que los espectadores más atentos ya habían visto anteriormente durante la boda que Ángela debía celebrar con Lorenzo y que finalmente no llegó a producirse.
La iglesia que aparece en pantalla es Santa María de Cogolludo, un templo del siglo XVI cuya construcción se desarrolló entre 1545 y 1609 y que está protegido como Bien de Interés Cultural. Sus tres naves, las bóvedas de crucería y la piedra desnuda proporcionaron a la ceremonia una solemnidad difícil de reproducir en un decorado.
Después llegó el banquete y, con él, un espacio mucho más familiar. La celebración volvió a trasladarse al Palacio El Rincón, en Aldea del Fresno, el edificio que desde el nacimiento de “La Promesa” sirve como principal referencia visual para los exteriores del palacio de los Luján. La producción lleva recurriendo a esta finca madrileña desde los primeros episodios, mientras que buena parte de los interiores se recrean en los grandes platós construidos para la serie.
Precisamente por esa familiaridad, utilizar El Rincón para el banquete permitió que la boda creciera sin dejar de pertenecer al universo reconocible de “La Promesa”. El espectador había salido de los dominios habituales para asistir a la ceremonia y regresaba después a unos jardines que identifica inmediatamente con la familia Luján. Pero todavía faltaba la parte más ambiciosa.
El despliegue no terminó en las localizaciones. El departamento de vestuario, encabezado por Tania Álvarez, tuvo que diseñar desde cero una de las piezas más importantes de toda la boda: el vestido de Ángela.
La creación comenzó desde las primeras fases de preparación del enlace. Hubo patronaje, cortes, pruebas y un minucioso trabajo con la pedrería, confeccionada a mano para el vestido. El objetivo no consistía únicamente en crear una prenda espectacular para la cámara, sino en conseguir que encajara con la personalidad que “La Promesa” había construido para Ángela.
El proceso terminó afectando incluso a Marta Costa. La actriz ha contado durante el making of que se emocionaba en las pruebas de vestuario y llegó a tener la sensación de estar preparando una boda real.
No deja de resultar significativo en una producción diaria. Un vestido que aparece durante una parte relativamente breve de la historia requirió un trabajo artesanal que comenzó mucho antes de que el público supiera cuándo se produciría finalmente el enlace.
Si la boda obligó a movilizar a prácticamente todos los departamentos de la serie, la luna de miel abrió una puerta completamente nueva. Curro y Ángela abandonaron La Promesa rumbo a Portugal y el equipo hizo lo mismo. Por primera vez desde que comenzó la producción en 2022, la ficción salió de España para grabar parte de sus episodios.
¡Nos vamos a Lisboa! ???? Os esperamos esta tarde, a partir de las 18:35h en @La1_tve y @rtveplay ⏰#LaPromesa https://t.co/KGFoGNezuC
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No se trató simplemente de introducir unos planos generales de Lisboa para situar la acción. Xavi Lock y Marta Costa rodaron realmente en diferentes puntos de la capital portuguesa y la ciudad se incorporó a la narración como un escenario más.
Era además un reto añadido para una serie ambientada en 1917. Las cámaras podían recorrer Lisboa, pero debían hacerlo procurando que la Lisboa contemporánea desapareciera de los encuadres. La producción adaptó algunas fachadas y seleccionó calles en las que la arquitectura, los azulejos y el trazado urbano permitieran viajar más de un siglo atrás sin que el escenario perdiera autenticidad.
Una de las imágenes más llamativas de estos capítulos aparece nada más llegar los recién casados a Portugal. En la ficción, Curro y Ángela se alojan en el palacio de verano de Máximo, duque de Buenaventura, donde son recibidos por João y por el servicio dispuesto para atenderlos durante su estancia. Ese palacio existe, aunque naturalmente tiene otro propietario y otra historia.
Se trata del Palacio de los Marqueses de Fronteira, situado en São Domingos de Benfica, en Lisboa. La construcción principal se levantó durante el siglo XVII por iniciativa de João de Mascarenhas, primer marqués de Fronteira, y el conjunto está considerado Monumento Nacional portugués.
Sus jardines, galerías, estanques y, sobre todo, los extraordinarios revestimientos de azulejos explican por qué funcionaba tan bien dentro del universo visual de “La Promesa”. Entre los espacios que aparecen durante la luna de miel se encuentran el estanque junto a la Galería de los Reyes, la Galería de las Artes y distintas fuentes y estancias del conjunto palaciego.
No es además un decorado cerrado al público. El palacio continúa siendo una residencia privada, pero una parte del conjunto y de sus jardines puede visitarse mediante recorridos guiados. Y los aficionados al cine español quizá lo reconozcan por otro motivo: también fue escenario de “El perro del hortelano”, la película dirigida por Pilar Miró a partir de la obra de Lope de Vega.
La luna de miel no se quedó dentro del palacio. “La Promesa” llevó a Curro y Ángela hasta Alfama, uno de los barrios históricos más reconocibles de Lisboa, y aprovechó algunos de sus rincones para construir ese breve espejismo de felicidad que vive el matrimonio antes de que los problemas de Curro terminen imponiéndose.
Uno de los escenarios principales es el mirador de Santa Luzia. La pareja pasea por la zona y contempla desde allí Lisboa, con sus fachadas de azulejos y las vistas sobre el entramado histórico de Alfama.
También hay otro elemento prácticamente inseparable de la imagen de la ciudad: el tranvía. Xavi Lock y Marta Costa rodaron incluso dentro de uno de ellos. Curro y Ángela bajan junto a la iglesia de Santa Luzia y continúan su recorrido a pie. Cerca de la entrada al Jardim Júlio de Castilho se grabó además el momento en el que Curro compra una flor para su esposa.
Las cámaras pasaron igualmente por la Rua de Santiago y por el entorno de la Catedral de Lisboa. Algunas fachadas fueron intervenidas por el equipo para eliminar elementos que no encajaban con 1917, aunque buena parte del trabajo lo hizo la propia ciudad: calles estrechas, edificios históricos y azulejos que han sobrevivido durante generaciones permitieron integrar la Lisboa real dentro de la ficción.
Toda esa belleza tiene, sin embargo, una función dramática. Curro llega a Portugal recién casado con Ángela, pero también completamente condicionado por lo sucedido justo antes de la boda. Ha descubierto que Leocadia es responsable de la muerte de Jana y ha prometido que llegará el momento de hacer justicia. Ese secreto viaja con él hasta Lisboa.
La inesperada propuesta de Curro a Ángela: “¿Te gustaría que nos quedáramos a vivir en Lisboa?” #LaPromesa ⭕ https://t.co/HG2b5Elrg7 https://t.co/v1n3TGUHRA
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Por eso los capítulos juegan constantemente con el contraste. El escenario parece diseñado para una luna de miel perfecta mientras Ángela empieza a comprender que algo no marcha bien con su marido. Los jardines, los paseos, el tranvía o las calles de Alfama funcionan casi como la fotografía de una felicidad que Curro no consigue disfrutar por completo.
La situación ha llegado hasta el punto de que Ángela ha pedido ayuda a Manuel a escondidas de su esposo. Preocupada por el extraño comportamiento de Curro, ha recurrido a su hermano y Manuel ha decidido desplazarse también hasta Lisboa. Así, lo que comenzó como el gran viaje romántico de Curro y Ángela amenaza con convertirse en una prolongación directa del conflicto que nació la víspera de su boda.
Claro que hace falta, ¡Manuel va de camino a Lisboa! #LaPromesa ⭕ https://t.co/EE7x3M4A7x https://t.co/jqrxLk1Ue5
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Visto en conjunto, la boda y la luna de miel cuentan también otra historia que sucede fuera de la pantalla. “La Promesa” nació con una apuesta poco habitual para una ficción diaria: abundancia de exteriores, grandes decorados construidos expresamente, talleres propios de arte y vestuario y una factura visual destinada a acercarla a producciones de mayor presupuesto. Desde su presentación en 2022, RTVE ya destacaba esa intención de elevar el estándar técnico del género.
Cuatro años después, la boda de Curro y Ángela parece llevar aquella idea un paso más lejos. Meses de preparación, tres jornadas específicas para rodar el enlace, una iglesia histórica en Guadalajara, el regreso al Palacio El Rincón, un vestido elaborado artesanalmente y, después, el traslado del equipo hasta Portugal para convertir varios rincones reales de Lisboa en la luna de miel de los protagonistas.
No es únicamente una sucesión de localizaciones bonitas. Es probablemente una de las muestras más evidentes de hasta dónde ha crecido la maquinaria de una serie que comenzó recreando la vida de una familia aristocrática dentro de un palacio y que, más de 900 capítulos después, ya se permite sacar a sus personajes de Luján y llevar sus cámaras fuera de España.
Curro y Ángela debían celebrar su boda. “La Promesa” terminó convirtiéndola en uno de sus mayores viajes.

