
Manuel descubre los secretos que esconde el palacio y vuelve a enfrentarse a Leocadia, mientras Ciro intenta abandonar el negocio ilegal de las licencias, pero Lorenzo no está dispuesto a consentirlo. Repasamos dos de los grandes momentos de “La Promesa” esta semana.
La semana en “La Promesa” ha dejado a Manuel ante nuevas revelaciones que han sacudido su visión de la familia. Después de descubrir que Leocadia asesinó a Jana, el heredero ha conocido de la mano de Curro una habitación que guarda tanto la historia de amor de sus padres como las huellas de uno de los crímenes de Cruz. Asimilar todo lo ocurrido bajo su propio techo ha resultado especialmente doloroso.
Entretanto, Ciro ha llegado al límite de lo que puede soportar. El negocio de las licencias que mantiene con Lorenzo le proporciona dinero, pero también una angustia que ya afecta a su salud. Su intención de devolver lo cobrado y terminar con el engaño ha chocado con la resistencia del capitán, decidido a conservar los beneficios.
Repasamos estos dos momentos de los capítulos 934 al 937 de “La Promesa”, marcados por los secretos, unos que Manuel empieza a comprender y otros que Lorenzo pretende mantener ocultos a cualquier precio.
Curro ha llevado a Manuel hasta la habitación secreta del palacio, un lugar cuya existencia el heredero desconocía y que lo ha dejado completamente desconcertado. Al observar lo que había en su interior, ha comprendido que allí había vivido un niño. Su hermano le ha confirmado que se trataba de él: aquella alcoba acogió los encuentros de Alonso y Dolores y las visitas del marqués a su hijo recién nacido.
Las cartas que ambos se escribían han permitido a Manuel acercarse a una historia familiar que había permanecido oculta para él. También ha descubierto cómo Alonso podía acudir sin levantar sospechas: una puerta comunicaba los pasadizos con el dormitorio principal, evitando que tuviera que salir del palacio para encontrarse con Dolores.
Sin embargo, las explicaciones de Curro pronto han dado paso a recuerdos mucho más terribles. Manuel ha preguntado si Cruz conocía aquellos accesos y su hermano le ha revelado que la marquesa los utilizó para trasladar el cadáver de Tomás después de asesinarlo.
Incapaz de comprender qué podía haber llevado a su madre a matar a su propio hijo, Manuel ha necesitado saber más. Curro le ha contado que Tomás sorprendió a Jana buscando información en la biblioteca y se comprometió a ayudarla a encontrar a su hermano y esclarecer la muerte de su madre. Aquella promesa lo llevó a pedir explicaciones a Cruz.
La alfombra que todavía conserva la mancha de sangre de Tomás ha terminado de sobrecoger al heredero. Para Manuel, resultaba difícil entender que Curro no hubiera destruido aquel lugar. Su hermano, en cambio, ha defendido que también guarda algo que merece conservar: el amor entre Alonso y Dolores.
Manuel ha sentido que toda una vida de secretos había transcurrido delante de él sin que fuera capaz de advertirlo. Con dificultades incluso para respirar, ha reconocido el esfuerzo de Curro por afrontar cada descubrimiento: «Yo no sé cómo habría gestionado todo esto. Probablemente me hubiese arruinado la vida».
La visita ha reforzado la unión entre los hermanos y su determinación de conseguir que Leocadia termine en la cárcel. Pero mantener la calma delante de ella sigue siendo una tarea demasiado difícil para Manuel. Nada más regresar, la señora de Figueroa les ha reprochado que todavía no estuvieran preparados para la cena y ha preguntado de dónde venían. Curro se ha adelantado a responder que del hangar, evitando que su hermano pudiera comprometerlos.
La tensión ha crecido cuando Leocadia ha cuestionado el viaje a Lisboa y la posible expansión del negocio de aviación. Manuel, harto de sus intromisiones, le ha respondido sin disimular su irritación: «¿Y a usted qué le importa? No es su empresa, ¿recuerda?».
Leocadia ha querido saber qué había hecho para merecer semejante trato. Aunque Curro ha intentado justificar a su hermano por el cansancio, Manuel ha continuado desafiándola. La discusión empresarial se ha convertido entonces en una advertencia con un significado que iba mucho más allá de las licencias: «Hay verdades que no se pueden ocultar. Tan solo es cuestión de encontrar las pruebas oportunas. Y le juro que cuando las tenga...».
Curro ha intervenido antes de que Manuel pudiera terminar la amenaza y se lo ha llevado para evitar que revelara demasiado. El dolor por Jana y las nuevas revelaciones han vuelto a poner en peligro la discreción que necesitan para actuar contra Leocadia.
Mientras Manuel trata de esclarecer los secretos de su familia, Ciro se ha visto desbordado por el engaño que mantiene a sus espaldas. Las empresas a las que han concedido licencias sin autorización siguen enviando consultas e incidencias que el joven no sabe cómo resolver.
Acudir a su primo en busca de ayuda supondría descubrir la estafa, por lo que Ciro tiene que aparentar unos conocimientos técnicos de los que carece. Cuando Lorenzo le ha sugerido que ya debería haber aprendido algo, su respuesta ha dejado clara la dificultad: «Uno no se convierte en ingeniero de la noche a la mañana».
Para el capitán, las ganancias justifican continuar. Para Ciro, en cambio, el dinero ha dejado de compensar el miedo constante a quedar al descubierto. Cada carta y cada llamada de esas empresas lo ponen en alerta, hasta el punto de que los nervios le provocan malestar físico y le impiden pensar en otra cosa.
Lorenzo ha intentado restar importancia a su angustia, convencido de que terminará acostumbrándose. Pero su socio ha llegado a la conversación con una decisión tomada: quiere cancelar las licencias y devolver todo lo cobrado.
Su plan consistía en comunicar a las empresas que las concesiones habían sido fruto de un error administrativo. Para poder reintegrar las cantidades, también ha exigido al capitán que reúna el dinero que le corresponde. «Esto se ha terminado», ha sentenciado, decidido a recuperar la tranquilidad.
Al comprobar que no se trataba de una queja pasajera, Lorenzo ha cambiado de tono. No estaba dispuesto a renunciar a un negocio tan rentable y ha presentado la retirada como una opción todavía más peligrosa que seguir adelante.
El capitán le ha recordado que existen contratos y que las empresas no solo han pagado por las licencias: también han invertido en fabricar. Devolverles lo cobrado no bastaría para compensar esas pérdidas y podría provocar reclamaciones que terminaran destapándolo todo. La advertencia más inquietante ha llegado cuando Lorenzo ha señalado quién tendría que responder ante esas posibles denuncias: «Y a nosotros no, a la empresa, a Manuel».
Ciro ha empezado a comprender que su propuesta no permitiría cerrar el asunto discretamente. Retirar las licencias pondría el foco sobre unas operaciones que su primo desconoce y abriría la puerta a que se descubriera el engaño. Lorenzo ha conseguido así frenar su intento de abandonar. El joven que pretendía poner fin a la estafa ha terminado atrapado entre el miedo a continuar y las consecuencias de confesar, mientras Manuel sigue sin saber lo que ambos están haciendo con su negocio.

