La Sexta estrena esta noche a las 22:30h la segunda temporada de "Pesadilla en la cocina", reality coach presentado por el chef madrileño Alberto Chicote. En estos nuevos capítulos, el cocinero se enfrentará a situaciones límite en las que, en algunas ocasiones, ha estado a punto de darse por vencido. Producido por Eyeworks Cuatro Cabezas, el programa recorrerá ciudades españolas como Barcelona, Sevilla, Valencia o Madrid para salvar a restaurantes al borde de la quiebra, regentados por socios o familias que están a punto de caer en la ruina por no saber llevar el negocio.
Uno de los retos más difíciles de la segunda temporada de "Pesadilla en la cocina" fue intentar rescatar el restaurante de un antiguo amigo de Alberto Chicote al que las cosas le iban cada vez peor: "Te puedes imaginar lo que es no solamente llegar a un sitio que ya conoces sino que también el dueño sea amigo tuyo y que te llame para pedirte ayuda", afirmaba el chef en la rueda de prensa del programa. Además, otros establecimientos que tendrán que rendir cuentas al presentador serán un restaurante italiano, un local de origen persa o algunos chiringuitos de playa.
En el capítulo de esta noche...
En la entrega de esta noche, Alberto auxiliará a un restaurante asiático, el Katay, gobernado por dos jóvenes amigos sin ninguna experiencia, muchas pretensiones y demasiadas rencillas personales a sus espaldas. El chef comienza así su nueva andadura en el programa con una de sus especialidades, la cocina asiática, con la que disfrutará y sufrirá a partes iguales.
Ubicado en una zona de alto nivel adquisitivo de la provincia de Sevilla, el Katay nació como un sofisticado restaurante que podía convertirse en centro de reunión y ocio de celebridades, futbolistas y gente de clase acomodada. Sus socios pensaron primero en montar juntos una tienda de ropa pero tras pensarlo mucho se decidieron por un restaurante. Sin embargo, no repararon en su nula experiencia en restauración. Tampoco en que el hecho de contratar a cocineros chinos -que apenas hablan castellano- hace imposible la comunicación y puede acarrear un problema a corto plazo. Un cúmulo de decisiones desacertadas que terminó por hacer fracasar el sueño de dos muchachos que parecían estar en un juego en lugar de ejerciendo una profesión seria.
En el restaurante se acumulan los inconvenientes, empezando por una cocina sin comunicación. A esto se le suma un servicio ineficaz y la poca implicación de uno de los socios, Baldo, que parece en constante estado de "ausencia". Las pérdidas económicas han disparado la tensión entre los socios, que tienen una perspectiva completamente diferente sobre la inversión de cada uno de ellos en el local.