
Catalina echa de su vida al Conde de Añil tras la confesión de este sobre el verdadero motivo de su llegada a palacio. Te contamos cómo han sido sus últimos instantes juntos.
Parece que, ahora sí, la historia de amor entre Catalina y Pelayo ha llegado a su fin. El camino que han transitado ambos hasta llegar a este desenlace en “La Promesa” ha sido de todo menos fácil, y ha estado plagado de secretos y mentiras que, al final, han dinamitado su relación.
Hacemos un repaso a los últimos coletazos de esta pareja que, a pesar de sus altibajos, ha sido una de las más potentes de la serie diaria ganadora de un Emmy de La 1 de TVE.
El que se suponía que iba a ser el día más feliz de la vida de Catalina se convirtió en su peor pesadilla. Vestida de blanco y pocos minutos antes de encaminarse hacia el altar, la hija del Marqués de Luján recibió una nota de Pelayo que rompió en mil pedazos sus ilusiones.
El Conde de Añil, atormentado por no ser capaz de aceptar la paternidad del hijo de Catalina, decidió dar la espantada y dejar tirada a la que iba a convertirse en su esposa.
Pelayo deja plantada a Catalina el día de su boda: “No he podido asumir la paternidad del bebé que estás esperando” ???? #LaPromesa
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Después del duro golpe de tener que cancelar la boda, Catalina se encerró en su dormitorio con el apoyo de Martina. Y es que su prima era de las pocas personas que sabían su gran secreto: el hijo que espera no es de Pelayo, sino de Adriano, el labriego con quien mantuvo una fogosa relación antes de volver con el Conde.
Martina, con la intención de animar a Catalina, consiguió convencerla de dar un paseo al aire libre por los jardines de La Promesa. Sin embargo, allí, entre los arbustos, la sobrina de los Marqueses se encontró con Pelayo, aunque, por suerte, en ese momento Catalina no vio nada.
Intentando explicarse tras lo sucedido, el Conde trató de justificar sus actos ante Martina: “Lo último que quería era hacerle daño”, le dijo, a lo que ella fue firme y le pidió que dejase a la muchacha vivir su vida en paz.
Sin embargo, aunque Martina intentó ocultar su encuentro, Catalina no tardó en sonsacarle la verdad y pedirle que organizase una cita entre ambos para pedirle explicaciones al que iba a ser su marido.
Pero, para sorpresa de Catalina, los motivos que le dio Pelayo fueron enormemente dolorosos. “No quiero volver a fallarte. Lo siento tanto… Soy un miserable”, se disculpó él. Pero ya era demasiado tarde.
“Sé que nunca vas a sentir al niño que espero como a tu propio hijo. Así que tengo que asimilar que, por mucho que me duela, esto es lo mejor que puede pasar”, le espetó ella con una aplastante seguridad, fruto de haberle dado muchas vueltas en su cabeza a ese encuentro.
No obstante, el Conde de Añil todavía tenía preparada una bomba para la que Catalina no estaba preparada. “Esta es la peor mentira de todas las que te he contado. ¿Recuerdas que tuve que darle parte del dinero de las armas a Cruz? Lo hice para que no te contara el verdadero motivo por el que vine a La Promesa", comenzó Pelayo. Y añadió: "Cruz quería que te sedujera, que te llevara tan lejos de aquí como pudiese. Su obsesión era deshacerse de ti".
Ante ese cubo de agua fría, Catalina abrió los ojos y se dio cuenta de que su relación con el Conde de Añil había sido una farsa desde el minuto uno. Pelayo intentó explicarle que, aunque en un principio no sentía nada por ella, se acabó enamorando de verdad. Pero para Catalina ya no había vuelta atrás, pues había traicionado su confianza ya demasiadas veces.
"Se acabó. Punto y final. No quiero volver a verte en lo que me queda de vida", fue lo único que acertó a decir la hija del Marqués. Y Pelayo, sin fuerzas para seguir luchando, dio media vuelta y se marchó por donde había llegado.
¿Será esta la escena final del Conde de Añil?


