
Curro encuentra a Pía en Robledillo y le pide perdón por haberla expulsado de La Promesa, pero la antigua ama de llaves se niega a regresar. Días después, sorprende a Teresa al presentarse en el palacio para recuperar su puesto. Repasamos dos de los grandes momentos de los capítulos 938 al 942, emitidos del 2 al 6 de noviembre.
La semana en “La Promesa” ha estado marcada por el esperado reencuentro entre Curro y Pía, cuya relación quedó profundamente dañada cuando el joven descubrió que Leocadia había asesinado a Jana. La revelación provocó una reacción desesperada que terminó con la expulsión de la señora Adarre, una mujer que había sido como una madre para él y a la que llegó a considerar responsable de haberle ocultado la verdad durante demasiado tiempo.
Sin embargo, después de compartir su secreto con Manuel durante la luna de miel en Lisboa, Curro comenzó a comprender que necesitaba recuperar la confianza de Pía. Los hermanos decidieron unir fuerzas para hacer justicia por Jana, pero también eran conscientes de que no bastaba con conocer la identidad de la asesina: debían encontrar pruebas que permitieran demostrar su culpabilidad.
La búsqueda llevó finalmente a Curro y Ángela hasta Robledillo, donde encontraron a Pía trabajando como mesera. Su primer encuentro estuvo marcado por el resentimiento y las explicaciones pendientes, aunque la insistencia del joven acabaría dando paso a un regreso que pocos esperaban.
Repasamos dos de los momentos más importantes de los capítulos 938 al 942 de “La Promesa”, emitidos del 2 al 6 de noviembre: la dolorosa petición de perdón de Curro y la inesperada vuelta de Pía al palacio de los Luján.
La decisión de Curro de expulsar a Pía de La Promesa había dejado una herida difícil de cerrar. El joven se sintió traicionado al descubrir que la antigua ama de llaves conocía la identidad de la asesina de Jana y no se lo había contado. En lugar de intentar comprender por qué había guardado silencio, se dejó llevar por la rabia y la apartó de su vida justo antes de casarse con Ángela.
La verdad continuó atormentándolo durante su luna de miel. Su insistencia en permanecer lejos del palacio provocó continuas discusiones con Ángela, que terminó recurriendo a Manuel para averiguar qué le sucedía a su marido. Fue entonces cuando Curro confesó a su hermano que Leocadia había asesinado a Jana.
Después del impacto inicial, Manuel consiguió que Curro reconsiderara algunas de sus decisiones. Ambos acordaron regresar a La Promesa para investigar el crimen y el joven comprendió que había sido injusto con Pía. Sin embargo, localizarla no resultaría sencillo.
Ángela, que desconocía el verdadero motivo de la expulsión, tampoco entendía el repentino interés de su marido por encontrarla. Curro decidió ofrecerle una explicación que ocultaba lo sucedido con Jana: le contó que Pía había expresado sus dudas sobre el matrimonio poco antes de la ceremonia y que él había reaccionado de manera desproporcionada.
Aunque aquella versión no recogía la verdadera razón de su enfrentamiento, consiguió convencer a Ángela de que su marido estaba sinceramente arrepentido. La joven decidió ayudarlo y ambos terminaron encontrando a Pía en Robledillo, donde había comenzado a trabajar como mesera. Pero el reencuentro no fue como Curro esperaba.
La señora Adarre se quedó completamente sorprendida al ver aparecer al joven acompañado de Ángela. Lejos de alegrarse, reaccionó con frialdad y le exigió que se marchara. No comprendía qué pretendía conseguir después de haberla tratado de aquella manera y tampoco quería volver a involucrarse en los problemas de La Promesa.
Curro intentó explicarle que necesitaba hablar con ella, pero Pía no estaba dispuesta a escucharlo. El dolor provocado por su expulsión seguía demasiado presente como para aceptar sus disculpas sin más. Ángela decidió intervenir al comprobar que la conversación no avanzaba. Habló con Pía a solas y le explicó cuánto se había esforzado Curro por encontrarla, insistiendo en que su marido era quien más había sufrido su ausencia.
Sin embargo, Pía comprendió durante aquella conversación que Ángela desconocía la verdadera razón de su marcha. La joven no sabía nada sobre la responsabilidad de Leocadia en el asesinato de Jana ni sobre el secreto que Curro y Manuel habían decidido mantener oculto. La antigua ama de llaves prefirió no revelar nada. Se limitó a explicar que había comenzado una nueva vida en Robledillo y que lo mejor era que cada uno siguiera su camino.
Curro, sin embargo, no estaba dispuesto a rendirse. Decidió regresar al pueblo sin Ángela para poder hablar con Pía con mayor sinceridad, consciente de que necesitaba reconocer sus errores antes de pedirle cualquier favor. Esta vez, el joven le pidió perdón abiertamente por haber permitido que el dolor y la rabia determinaran su comportamiento. Reconoció que había actuado injustamente y trató de hacerle comprender cuánto lamentaba haberla apartado de su vida.
Pero Pía no se dejó convencer fácilmente. Había sido una de las personas que más lo habían protegido desde su llegada al palacio y le dolía comprobar que ahora necesitaba recuperar su confianza precisamente porque requería su colaboración.
La señora Adarre le reprochó que estuviera allí por necesidad, no porque realmente deseara que volviera. Curro reconoció que todavía guardaba cierto resentimiento, pero también quiso recordarle que los años de cariño y protección que habían compartido seguían significando mucho para él. «Nada de lo que ha ocurrido quita lo que usted ha sido para mí: una madre», le confesó.
Las palabras pusieron de manifiesto el vínculo que siempre había existido entre ambos. Curro no pretendía únicamente recuperar a una antigua empleada: quería reconciliarse con una mujer que había ocupado un lugar fundamental en su vida. También le explicó que su ayuda podía resultar decisiva para conseguir que Jana tuviera justicia. Ahora que Manuel conocía toda la verdad, los hermanos necesitaban encontrar pruebas contra Leocadia y estaban convencidos de que Pía podía ayudarlos.
Sin embargo, la antigua ama de llaves se mantuvo firme en su negativa. Su dolor todavía era demasiado profundo y no estaba dispuesta a regresar al lugar del que había sido expulsada. Curro tuvo que marcharse sin conseguir su objetivo, aunque la conversación había permitido expresar unos sentimientos que ambos llevaban demasiado tiempo guardando.
La negativa de Pía parecía haber puesto fin a las esperanzas de Curro, al menos por el momento. Después de localizarla en Robledillo y pedirle perdón personalmente, el joven había comprobado que recuperar su confianza sería mucho más difícil de lo que imaginaba. Sin embargo, sus palabras no habían caído en saco roto.
La señora Adarre había tenido tiempo para reflexionar sobre lo sucedido y sobre la petición de un joven al que siempre había querido como a un hijo. Aunque la expulsión había supuesto una profunda decepción, también sabía cuánto había sufrido Curro desde la muerte de Jana y lo importante que era para él descubrir toda la verdad.
Además, la situación había cambiado. Manuel ya conocía la responsabilidad de Leocadia en el crimen y ambos hermanos estaban decididos a encontrar pruebas para conseguir que respondiera por sus actos. Pía conocía bien los peligros que entrañaba enfrentarse a la señora de Figueroa, pero también comprendía que su colaboración podía resultar fundamental para avanzar en la investigación.
Finalmente, después de varios días resistiéndose a las peticiones de Curro y Ángela, tomó una decisión que nadie esperaba: regresar a La Promesa. Y lo hizo de una manera especialmente sorprendente. Sin avisar previamente de sus intenciones, Pía se presentó directamente en el despacho de Teresa, que no podía imaginar que volvería a encontrarse con ella tan pronto.
La aparición de la antigua ama de llaves dejó a Teresa completamente desconcertada. Después de todo lo sucedido, y especialmente después de las reiteradas negativas que había recibido Curro, su regreso parecía cada vez menos probable. Sin embargo, Pía había vuelto con una idea muy clara y no tardó en comunicársela. «Hola, Teresa. Me gustaría saber si aún estoy a tiempo de recuperar mi antiguo puesto de trabajo», preguntó, dejando a la joven sin palabras.
La escena supuso un giro especialmente importante para la antigua ama de llaves. Pía ya no estaba dispuesta a permanecer alejada del palacio y quería recuperar el lugar que había ocupado durante tanto tiempo. Su decisión también representaba una nueva oportunidad para recomponer la relación con Curro, que había reconocido sus errores y le había pedido perdón con una sinceridad que terminó haciéndola reconsiderar su postura.
Pero el regreso de Pía tiene una importancia que va mucho más allá de recuperar su trabajo. Su presencia en La Promesa permite a Manuel y Curro contar nuevamente con una aliada que conoce de primera mano buena parte de los acontecimientos que rodearon la muerte de Jana.
Los hermanos están convencidos de que Leocadia fue la responsable del crimen, pero todavía necesitan reunir pruebas que permitan demostrarlo. La vuelta de Pía supone un paso decisivo en una investigación que se había complicado desde que salió a la luz la verdadera identidad de la asesina.
Al mismo tiempo, su regreso amenaza con aumentar las sospechas de Leocadia, que lleva días desconcertada por el comportamiento de Manuel y Curro. La señora de Figueroa no comprende por qué ambos están tan interesados en recuperar a una mujer que había sido expulsada del palacio poco antes de la boda.
Ahora, Pía vuelve precisamente cuando los hermanos más necesitan su ayuda, una circunstancia que podría resultar especialmente inquietante para alguien que tiene tantos secretos que proteger.
Después de un reencuentro marcado por el dolor, las disculpas y el resentimiento, Pía ha decidido dar una nueva oportunidad a Curro. Su regreso pone fin a una separación que parecía difícil de superar y abre una nueva etapa en la búsqueda de justicia por la muerte de Jana.
