
Jana no se adapta a la vida en palacio, Martina y Petra cargan contra Ayala y el padre Samuel enseña su peor faceta. Todo esto y más en los capítulos 466, 467, 468, 469 y 470 en la serie de La 1.
“La Promesa” empieza una nueva etapa con Jana viviendo en la zona noble de palacio. ¿Cómo se adaptará la joven a su nueva posición? ¿Se lo pondrá Cruz muy difícil? Lo descubriremos a continuación en el avance exclusivo que te ofrecemos en vemosTV.
Producida por RTVE, StudioCanal y Bambú, esta ficción de época ambientada en el año 1915 cuenta en su reparto con Ana Garcés (Jana), Arturo García Sancho (Manuel), Eva Martín (Cruz) y Manuel Regueiro (Alonso), entre muchos otros rostros más y menos conocidos de la televisión.
La semana anterior, Jana accedió a trasladarse a la planta noble, mientras que Curro conoció los planes de José Juan para casarle con Matilde. Además, Petra se sinceró con Martina y le contó que Ayala era el padre de Feliciano.
En los siguientes episodios, veremos cómo Jana tiene muchas dificultades para acostumbrarse a la vida en palacio. Te contamos todo esto y mucho más a continuación, capítulo a capítulo.
Jana es recibida por los Luján con todos los honores a su llegada a la planta noble. La joven se instala en su nuevo dormitorio, pero apenas es capaz de salir de él, pues no se siente preparada para asumir su nuevo rol.
Mientras tanto, el robo del crucifijo llega a oídos del señor Pellicer, que pone a todos los criados a buscarlo. María Fernández, que sabe quién lo sustrajo, no se atreve a delatar al padre Samuel.
Por otro lado, Catalina y Pelayo están mejor que nunca tras su ardiente reconciliación, hasta el punto de que quieren casarse cuanto antes. En cuanto a Petra y Martina, ambas mujeres se unen con el objetivo común de destruir al Conde de Ayala.
Y Curro se siente acorralado por las dudas acerca de las verdaderas intenciones de José Juan y Julia. Martina, en un intento de ayudarle, le recomienda que no se case si no está seguro.
Jana no se lo está poniendo fácil a Cruz, que siente que la muchacha le saca de sus casillas. La Marquesa decide encargarse personalmente del nuevo vestuario de la prometida de su hijo, por mucho que ella diga que no es necesario.
Paralelamente, Lorenzo presiona a Curro para que acepte la propuesta de José Juan. El Capitán fuerza tanto al joven que lo lleva hasta su límite. En cambio, la boda que sí parece inminente es la de Catalina y Pelayo, que ya han despejado todas sus dudas y están dispuestos a dar el paso.
Y mientras la tensión entre los Luján y los Duques de los Infantes empeora sin que Cruz tenga intención alguna de ceder, Petra culpa a Marcelo de la desaparición del crucifijo, convencida de que el muchacho no es trigo limpio.
Cruz no se anda con rodeos y amenaza a Alonso con acudir en solitario a la fiesta que organizan los Marqueses de Urbizu. En su lugar, le pide a Manuel que vaya con ella.
Jana, mientras tanto, no consigue adaptarse a la vida en palacio y se deja caer constantemente por la zona de servicio. Cruz, a sus espaldas, se empeña en organizarle todo y pide a Teresa que le tome medidas para que un modisto confeccione su nuevo vestuario. Además, la Marquesa ordena preparar una cena de bienvenida para la prometida de su hijo.
En paralelo, Martina recibe una carta de su madre, pero no deja que Ayala la lea. La joven, en un arranque de valentía, le pregunta al Conde delante de todos si ha tenido algún hijo ilegítimo.
Catalina y Pelayo, por su parte, cierran la fecha de su boda con el padre Samuel, al tiempo que Curro comprueba con estupor que Julia está más que encantada con su posible enlace.
Entretanto, María Fernández presiona al padre Samuel para que asuma que robó el crucifijo y le hace prometer que lo va a devolver. Marcelo, agobiado por el trato que le dispensa Petra, vuelve a insistir a Teresa con la propuesta de instalarse en Portugal para huir del pasado.
En medio de todo, Simona y Candela se quedan asombradas cuando descubren a qué casa va a ir Rómulo a servir.
Jana reta a la familia con sus constantes ausencias en las comidas y cenas, pero Cruz insiste en prepararle otra bienvenida para obligarla a asistir. Manuel, con la idea de relajar el ambiente, anima a Alonso a ir con Cruz a la fiesta de los Urbizu, pues será lo mejor para todos, especialmente para Jana, que tendría la oportunidad de relajarse.
Entretanto, todos parecen estar de acuerdo en que Curro y Matilde se casen. Todos menos Curro, que recibe el apoyo de Alonso, intercediendo por él. Y Martina, de nuevo, pone nervioso a Ayala preguntándole acerca de sus relaciones con los miembros del servicio.
En cuanto a Teresa, la doncella debe decidir si quiere quedarse en La Promesa o marcharse con Marcelo para siempre. ¿Será capaz de dejar todo atrás y empezar de nuevo lejos de La Promesa?
Jana vuelve a abandonar la cena que han preparado en su honor y se disculpa con Manuel por no estar a la altura de lo que se espera de ella. El señorito se muestra paciente y comprensivo, consciente del esfuerzo que su prometida está haciendo por él. Así que, haciendo gala una vez más del amor que siente por su futura esposa, acuerda con ella que no forzarán las cosas y no volverá a comer con la familia hasta que se sienta preparada.
Alonso, mientras tanto, accede a ir con Cruz a la recepción de los Condes de Urbizu, con la condición de que ella deje a un lado su guerra con los Duques de los Infantes. Además, para terminar de complicar las cosas y con la intención de mantener la presión sobre su objetivo, Cruz decide contratar por su cuenta a una institutriz para que forme a Jana.
Por otra parte, Martina y Petra ya no ocultan sus ganas de acabar con Ayala y le plantan cara frente a frente, al tiempo que José Juan pide dinero a Lorenzo para continuar adelante con la boda.
En el servicio, entretanto, Petra le asegura a Santos que falta poco para conocer toda la verdad sobre su madre. Y el padre Samuel, ante los reproches de María Fernández por no reconocer el robo del crucifijo, le muestra a la doncella su peor y más agresiva fachada.

