
El capitán Dávila encontró pruebas más que suficientes para relacionar a Lázara con el crimen de César Morel. Esta noticia será un nuevo varapalo para don Fermín, que se hundirá por completo tras lo sucedido con su esposa.
Sin embargo, el dueño de La Moderna todavía podrá contar con el apoyo incondicional de Teresa. Así pues, será ella quien tome las riendas del salón de té mientras su jefe procesa todo lo que está pasando y supera el duelo.
Además de Teresa, don Fermín también gozará del consuelo de su gran amigo Emiliano, sin sen consciente de cuál es su verdadera implicación en este escabroso asunto. Por su parte, el dueño de las galerías hablará con Iván para reprocharle las atenciones que está teniendo con Mercedes, la cual no deja de ser la hermana de su gran enemigo.
En otro orden de cosas, en el capítulo del viernes conoceremos a don Bernardo, un prestamista muy peligroso que ejercerá de inversor en la película de Agustín. Para asegurarse de que su dinero está bien invertido, le pedirá a su secuaz Ramallo que se haga cargo de la contabilidad. Con este giro de los acontecimientos, este duro matón entrará en contacto con el apasionante mundo del cine abriendo todo un mundo de posibilidades para él.
En el salón de té, Teresa y Cañete serán los encargados de repartir el reintegro de lotería entre los diversos compradores. Además, don Fermín se verá obligado a compartir con sus trabajadores la verdad sobre su mujer: doña Lázara es la principal sospechosa del asesinato de César Morel.
Tanta tensión acumulada le pasará factura y el dueño de La Moderna sufrirá un desvanecimiento cayendo fulminantemente en el suelo. ¿Será este el final para don Fermín?
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