
El capítulo 35 de “En tierra lejana” deja a Alya al borde de la muerte tras ocupar el lugar de Cihan en quirófano, a Sadakat bajando la guardia y a Boran abriendo por fin los ojos. ¿Qué va a pasar ahora?
El capítulo 35 de “En tierra lejana”, emitido por Antena 3 entre el lunes 5 y el martes 6 de octubre, lleva a Alya y Cihan al límite por el trasplante de Boran. Ella abandona la mansión con Deniz para impedir que su marido se opere, pero guarda una última carta. Cuando Cihan descubre cuál era, ya es demasiado tarde.
Y después de una operación que casi termina en tragedia, llega la noticia que los Albora llevaban meses esperando: Boran abre los ojos. Su despertar cierra un capítulo marcado por el miedo a perderlo todo y abre otro problema bastante más incómodo para Alya y Cihan.
La operación de Boran parecía decidida hasta que Alya descubre el aneurisma cerebral de Cihan. El riesgo de la anestesia es demasiado alto y ella no piensa consentir que entre en quirófano. Tiene además una alternativa: también se ha sometido a las pruebas y es compatible con Boran.
Cihan se niega. Prefiere asumir él mismo el peligro antes que verla como donante y la discusión termina saliendo de la habitación para afectar a toda la familia. Alya, cansada de intentar convencerlo, recoge sus cosas y las de Deniz. Se marcha de la mansión y deja una condición bastante clara: si Cihan se opera, ella no volverá.
Sadakat intenta detenerla, aunque su preocupación tiene poco de repentina simpatía. Sabe que Alya puede donar el riñón y teme perder a sus dos hijos. Alya capta perfectamente el cambio y no desaprovecha la ocasión para recordarle cómo la trataba apenas unas horas antes.
Alya se instala con Deniz en casa de la madre de Ümmü, pero poner kilómetros de por medio no sirve de mucho. El pequeño echa de menos a Cihan y termina llamándolo. Basta una invitación de Deniz para que su padre aparezca allí poco después.
El encuentro deja alguna tregua, pero dura lo justo. Alya sigue negándose a aceptar la operación y Cihan continúa convencido de que debe salvar a su hermano. Cuando vuelven a hablar a solas, ella se lo deja todavía más claro: no le basta con que Cihan diga que siempre la llevará en el corazón; quiere tenerlo vivo a su lado.
Cihan tampoco sabe renunciar a Boran. Cree que, si su hermano muere pudiendo haberlo salvado, cargará con ello para siempre. Alya responde con su última advertencia: «Si te operas, cojo al niño y me voy». Él confirma que al día siguiente estará en el hospital. Antes de separarse, todavía tiene tiempo para decirle que la quiere.
A la mañana siguiente, Alya no aparece junto a la familia. Cihan pregunta por ella, intenta localizarla y termina entrando en quirófano convencido de que será el donante. Incluso Sadakat la culpa por no haber acudido para salvar a Boran.
La sorpresa llega al despertar. Cihan descubre que no lo han operado y exige saber por qué su hermano sigue en quirófano mientras él conserva los dos riñones. Kaya acaba confesando lo que todos, salvo Sadakat, le habían ocultado: Alya preparó con Yalçin el cambio y esperaron a que estuviera anestesiado para que no pudiera impedirlo.
A Cihan le cuesta poco entender la jugada y menos todavía enfadarse. Alya está siendo operada en ese mismo momento y el trasplante de Boran ya ha comenzado. Él consigue que Yalçin le deje permanecer cerca de ella. Entonces llega el gran susto que nadie había previsto.
Durante la intervención, el pulso de Alya empieza a caer. Los médicos intentan estabilizarla, pero su corazón termina deteniéndose. Hay que recurrir al desfibrilador mientras Cihan contempla la reanimación sin poder hacer nada.
Las primeras descargas no bastan. Cihan le habla, le pide que aguante y recupera aquella imagen del ave fénix con la que ambos habían hablado de volver a levantarse después de tocar fondo. Finalmente, los médicos consiguen recuperar el latido y terminar la operación.
Fuera de quirófano, Cihan descarga lo que lleva dentro contra toda la familia. Le habían mentido para protegerlo, sí, pero el resultado ha sido ver a Alya a punto de morir sin saber siquiera que iba a ser operada. Y reserva unas palabras especialmente duras para Sadakat: la mujer que tanto había despreciado acaba de arriesgar la vida para salvar a sus dos hijos.
Las dos operaciones terminan bien. Boran recibe el riñón y Alya pasa a cuidados intensivos, donde permanece sedada después de una intervención de varias horas. Cuando despierta, Cihan aparece con el miedo todavía atravesado. Ella intenta tranquilizarlo mientras él le recuerda que su corazón se paró.
Sadakat también entra después en la habitación, pero esta vez no llega con una pelea preparada. Le agradece a Alya haber salvado a sus hijos y reconoce lo que ha hecho por la familia. Aún se equivoca con su nombre y vuelve a llamarla «Aliye», así que Alya aprovecha para terminar una conversación pendiente desde hace demasiado tiempo.
No necesita que la acepte como nuera. Le basta con que la acepte como es. Y, ya puestos, que aprenda su nombre. Entonces, Sadakat por fin lo pronuncia correctamente: Alya. Ha costado, pero todos celebran que la matriarca haya dado su brazo a torcer.
Una semana después, Alya continúa recuperándose en la mansión, Cihan está pendiente de ella y hasta Sadakat aparece con una sopa de tomate hecha por sus propias manos. Los cambios empiezan a notarse, aunque hay una preocupación que sigue exactamente donde estaba.
El trasplante de Boran ha funcionado, pero su actividad cerebral no muestra avances. Los médicos no pueden asegurar que vaya a despertar. Sadakat se niega a contemplar otro desenlace después de todo lo que su hijo ha superado. Y esta vez acierta.
Al final del capítulo, Boran abre los ojos. No hay tiempo para mucho más. Después de meses sin poder hablar ni decidir nada, ha vuelto de verdad. Y lo hace cuando Alya y Cihan ya han construido algo que no existía antes de su accidente. Eso será lo siguiente que Boran tendrá que descubrir.


